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domingo, 25 de abril de 2021

EL Demonio de la Perversión - Dirección Espiritual

Regresaba en el transporte público de entregar algunas solicitudes en unas cuantas empresas, no había tenido mucho éxito debido a mi falta de experiencia. No bajé en la parada designada sino que seguí derecho, hasta llegar al centro de Blas Hernández, donde había una iglesia.         
    Me sentía desesperado y decidí entrar a la iglesia. Al principio simplemente quería algo de silencio para poder ordenar mis pensamientos, pero ver que el padre  estaba sentado en la tercera hilera de butacas pareciendo no hacer nada que al interrumpirle le molestase me animó a hablarle y exponerle brevemente mi situación. Sabía que los sacerdotes leían mucho, sobre todo filosofía y algunos hasta psicología, así que pensé "quizá pueda decirme algo sensato, aunque sea con el motivo secreto de convencerme a tramitar mi membresía de pequé ahora y arrepiéntase después."
    Haciendo ruido al caminar para que el clérigo notara mi presencia y mi cercanía, me fui acercando a aquel párroco, era un hombre de corta estatura, moreno, robusto con una pancita de buen comer, estaría quizá por los cuarenta y cinco o cincuenta años de edad, pero su estilo de vida disfrazaba muy bien sus años y se le notaba saludable. Una vez cerca de él, le saludé adecuadamente y le pregunté si tenía tiempo de escuchar las inquietudes de una de las pobres ovejas del rebaño del señor. Manteniéndose sereno, se volteó un poco hacía mí y me invitó a tomar asiento a su lado, estaba tan bien adaptado a su iglesia, que su voz no hacía eco en el templo vacío, no obstante la mía que rebotaba en todos lados aunque intentaba hablar en el mismo volumen que el cura.
    Le comenté al padre mi situación: que no encontraba trabajo en ningún lado, lo que sucedía en casa sin dinero, ni comida; lo de mi otra familia la cual no podía mantener; la relación con la madre de mi hijo que era tormentosa - aunque la palabra de moda es tóxica- y mi gusto por las sustancias que se convertía poco a poco en una adicción.
    El padre supo dirigirme su más piadosa mirada para que no me sintiera juzgado y comenzó a hablarme del pobre desgraciado de Job, de la esperanza y terminó por comentarme acerca de las bienaventuranzas, explicándome a detalle su significado más pragmático. Pasada ya cerca de media hora de sermón y luego de darme varias citas bíblicas, se disponía a despedirme así que tomé la palabra:
- Entonces ¿No tendrá usted unos mil pesos que me preste?
 

 

martes, 16 de marzo de 2021

La Visita (Relato)

Un destello de luz brillante comienza por tocarme la moral dándome de lleno en la cara; me revuelvo entre mis cobijas sintiendo el sudor empapando mi camiseta y mis pantalones. Meto la mano entre mis huevos dispuesto a estrujarme como un señor, pero recuerdo que tengo visita, mejor dicho, tengo que visitar a alguien, por lo que dejo mi erección palpitar solitaria en mis calzoncillos sin saber si me agradece o se contraría. Me levanto. El repartidor de tortillas pasa por la cerrada a toda la velocidad en su motocicleta, tocando el claxón como un matado. Hace lo mismo diario en las mañanas y en las tardes. El hijo de puta es mi despertador habitual, pero esta mañana le he ganado y en la tarde no estaré para escucharle. Es que hoy tengo visita.
    Es una mañana fría de enero, el sudor se congela haciéndome tiritar y el que tengo en los pies hace difícil caminar en sandalias. Haciendo un sonido fangoso con cada paso salgo al jardín a regar mis plantas, parece que se dan cuenta de quién las riega, les doy los buenos días y una buena rociada de orina, después agua, porque las plantas necesitan mucha agua.
    Regreso a mi habitación, con ganas de mandarle un mensaje para confirmar la hora, pero no me ha contestado los mensajes anteriores y tampoco quiero apilar un montón de recados en su bandeja de entrada como ya lo están mis solicitudes en las empresas. Así que dejo el teléfono en donde suelo dejarlo siempre: en la mesa de noche. Me miro en el espejo, mi cabello enmarañado se esfuerza por crecer sin importarle en qué dirección, mis ojos se ven decaídos por el insomnio, y mi piel toda está lubricada en grasa, una cucaracha podría patinar sin problema sobre mi frente
"qué bigote más asqueroso... me quita el autoestima" 
    pero mi habitación en general ya lo hace. 

La leche está fría, sólo el agua está un poco tibia, me sirvo una poca en una taza, pero no hay café, sólo chocolate en polvo. Mientras espero a que la leche se caliente recibo su mensaje, ha atrasado la visita una hora, pero no le veo mayor problema, mientras pienso qué responder se tira la leche... la poca que queda la completo con el agua que ya se enfrió y terminó el festín con un trozo de pan. Resuelvo a contestarle a la madre de mi hijo "sí, está bien" y pregunto por el humanito. No hay respuesta, nunca responde rápido. A veces ni siquiera responde.
    Aprovecho para escombrar mi habitación, el polvo se ha acumulado en mis libreros y en mis libros... la basura se amontona en la mesa de noche, el tocador y en general cualquier espacio que no sea la papelera. Raspo con una navaja los restos de ceniza que quedan pegados en mi pipa de hierba, vierto el polvo negro en la tapita de una bic, y me lo fumo como un yonqui desesperado.
    Ni bien siento el efecto, conecto el cable auxiliar a mi teléfono y escuchando mi música favorita contemplo el desmadre debajo del cual se encuentra mi habitación. Han pasado diez minutos y doy la segunda fumada, la bocanada que expulso es inmensa, ha sido un buen jale. Lo primero en quedar hecho es la cama, contemplando mi obra bien hecha doy la tercera fumada a mi tapita, estoy debidamente colocado. 
    Me dan las tres de la tarde y el cuarto queda limpio y ordenado, el suelo barrido, el librero bien organizado, no hay un sólo papel fuera de la papelera, ni polvo acumulándose sobre ningún mueble. Ha sido un buen trabajo. Estoy justo a tiempo para quitarme el bajón con una ducha y el monchis en casa de la madre de mi hijo. Hoy visitaré a mi campeón.
    Mientras me ducho pienso si hoy seré el "contesta todo" pues suele preguntarme ¿qué es esto? para que yo se lo diga, aunque él ya lo sepa. Me agrada el humanito porque se pone a charlar conmigo, quizá me enseñe sus juguetes, tal vez me toqué ser un caballito. Por primera vez en el día me siento un poco emocionado. Siento algo.
    El hambre es perra, pero me aguanto. En media hora ya estaré comiendo... Tengo un mensaje en mi teléfono. Me ha postergado la hora de visita otra hora y no me ha contestado el mensaje de mi hijo. De cinco a ocho no es mucho tiempo, pero es en balde reclamar. Mejor un poco que nada.
     Me preparo algo de comer, lo primero que encuentro. Y le marco al dealer para conseguir más yerba. La transacción es rápida, lo veo a unos cien metros de mi casa. Lo saludo, me pasa "eso", yo le doy el dinero y cada quien por su rumbo. La vida se puede hacer tan fácil, pero existe gente que la vuelve tan difícil. Dan las cuatro y alisto mi pipa, la llevaré, estoy seguro de que a ella le encantará.
    Me pongo a pensar que quizá debería dejar de fumar, por mi hijo. Ya sabes, uno como padre siempre se clava en esa basura de querer ser mejor, pero... ¿mejor que quién? ¿que aquellos que no fuman? Madre mía, si sólo hay que ver a tanto psicópata en la calle, tanto asesino, tanto culero y de todos ellos menos de la mitad han llegado a darse un sólo colocón en su vida. Basta con ver a toda la bola de desgraciados comprando café por la mañana, tarde o noche: todos somos unos adictos, unos viciosos.
    Otro mensaje llega... Ya no será. Me ha cancelado la visita. No le ha dado tiempo y ya no podremos vernos. O al menos eso dice y no me queda de otra que creerle. El mensaje que preguntaba por mi hijo se quedó sin contestar. No le reclamo nada, no vuelvo a preguntar nada, todo queda en un mensaje preguntando si mañana sí podré ir a verlo. Nuevamente me toca esperar.
    Hoy tenía visita, mejor dicho: hoy iba a visitar a alguien. Ya no seré el "contesta todo", ni podré charlar con el humanito. Ya no veré juguetes, ni seré caballito. Las pocas ganas de ser mejor se me quitan. Me quedan mi marihuana y mi cuarto que a partir de aquí se comienza a ensuciar, empolvar y llenar de basura. Otra vez el repartidor de tortillas pasa por la cerrada a toda velocidad en su  jodida motocicleta, tocando el claxón como un matado <<¡VETE A LA VERGA, HIJO DE TU PUTA MADRE, CÁLLATE YA!>> Y me fumo mi pipa de marihuana, igual que un yonqui desesperado.



jueves, 11 de marzo de 2021

Adiós (Relato)

Ha sido un día caluroso y lleno de color, pero a esta hora de la tarde las nubes comienzan a ocultar la luz del sol y convierten poco a poco una mañana soleada en una tarde nublosa. Nunca suelo ser puntual pero esta cita para vernos es importante y llego a tiempo al parque donde nos hemos citado.
    No recordaba el parque así, estuve aquí hace muchos años, él era quien me traía. Había una banca a la mitad del parque, me parece recordar, en todo el perímetro reinan frondosos árboles y a la sombra de uno de ellos se encuentra un puesto de artesanías cuyo mantel se agita con el viento.
    Ahora lo veo, está sentado en la banca en medio del parque, la tarde es bochornosa pero él ha insistido en ponerse traje - él y sus trajes- pienso mientras sonrío y me acerco. Seguramente se sorprenderá al verme porque los años me han cambiado bastante, mientras él sigue tal cual lo recuerdo.
    No es un hombre alto, es más bien un poco chaparro, robusto, con barba de la cual asoman indiscretas unas canas, lo mismo en sus cabellos que si no fueran tan oscuros no delatarían tanto esos brotes blancos que lo hacen ver tan guapo para mí, acortando la distancia aprecio sus grandes ojos, su cabello chino, su piel morena. Se desarruga el traje al levantarse y antes de ponerse a caminar para estirar las piernas revisa sus zapatos pulcramente boleados; esta nervioso, se le nota, él siempre supo ser y se ve graciosísimo un hombre de su edad consultando el reloj a cada rato inquieto como un adolescente.
    No me ha visto aún, pícaramente rodeo el parque asaltada por la emoción, ya es hora y él lo sabe, por eso voltea a todos lados y consulta su reloj. De repente se acuerda que no ha mirado hacia atrás y entonces voltea.
    Se le nota sorprendido, pues ve a una Alicia muy guapa, delgada y preciosa bajo el vestido entallado color rojo, nota mi collar y aprecia mi pálido cuello que eleva de manera soberbia mi cabeza; me he puesto el reloj caro que le da presencia a mis delgados brazos y sube la mirada que delata su admiración al ver mi largo y ondulado cabello castaño que no sabe disimular mi blanca piel.
    Caminamos uno hacia el otro, encontrándonos en la reja, Adrián permanece en shock y se queda ahí de pie admirando mi belleza... admirando a su bella Alicia. Nuestras sonrisas se convierten en muecas ridículas intentando retener el llanto tan odiosamente inevitable en momentos como este; pongo mi mano izquierda a la altura de su rostro sobre la malla ciclonica queriendo tocarlo y por fin asoma de su ojo derecho una lágrima que recorre su gruesa mejilla, yo bajo la mirada conteniendo el llanto, siento de momento la mano de él junto a la mía a través de la reja. Solía tener un anillo en el anular de esa mano, ha desaparecido.
    Levanto la mirada y lo veo
- Hola- me río y acomodo mi cabello, él me sonríe y me observa.
- Qué placer volver a verte.
    Qué placer volver a oír su voz. Dejo caer mi cabeza hacia la izquierda.
- Lo sé, han pasado tantos años desde... - No me entero de si me escuchó o no, una nube barrunta estridentemente la cercanía de la tormenta, siento un poco de miedo y seco unas lágrimas con disimulo aprovechando que Adrián ha volteado a ver la nube. No engaño a nadie y me ve con tristeza.
- Sabes que no quise lastimarte así - me hiere la culpa que carga su voz. - Lo quiso la vida y yo no pude hacer nada.
    Dice la verdad, él nunca me mintió. Lo veo con tanta nostalgia, me tiemblan los labios, me gana el llanto.
- Ya lo sé... - le digo entre sollozos - Y no te reprocho nada ni te reclamo nada ¡Sólo me hubiera gustado estar más tiempo contigo! - me privo entonces como una chamaca. Quito mi mano de la reja y Adrián quita la suya como golpeado por un rayo. No puedo más, me volteo dando un paso hacia atrás llevándome las manos a la cabeza queriendo evitar que estalle. Limpio mi rostro una vez pasada la crisis, volteo luego a verlo de cerca y puedo entonces continuar hablando. - Te extraño muchísimo
¿sabes? - él ve su reloj.
- Mi niña, sabes que me dolió más a mí, me ha dolido tanto no poder estar contigo todos estos años cuando más me necesitabas, cuando necesitabas un hombro para llorar - se aferra a la reja con ambas manos como un prisionero desesperado y no deja de verme, no deja de llorar. - Mi princesa, te amo. Todos estos años he sufrido tanto, cada día que pasaba mi corazón se destruía al saber que no podía estar contigo; al ver por la ventana correr los días, las noches sabiendo que estabas muy lejos de mí, que a lo mejor necesitabas algo... - agacha la mirada como un adolescente avergonzado - Y yo sin poder hacer nada.
    Vuelvo a separarme de la reja y miro hacia el cielo sintiendo como se hace un nudo en mi garganta
- Yo sólo necesito un abrazo tuyo, sólo he deseado poder verte, abrazarte con todas mis fuerzas, no necesito otra cosa, me conformo con eso ¡No se puede..! Esta reja nos separa, pero al menos te vi. Tal vez no pueda volver a tener un abrazo tuyo, pero al terminar este día me iré feliz de que te volví a ver, de que pude platicar contigo y pudiste ver que estoy saliendo adelante a pesar de todos los tropiezos que he tenido. Te prometí algo, te dije que cuando te volviera a ver sería sólo cuando fuera alguien exitosa, alguien que salió adelante para que vieras que no necesité de nadie para tener dinero, casa, mi propia familia, todo lo que yo quisiera... sólo hay algo muy importante en mi vida: tú. Sin ti me siento sola, de nada me sirve tenerlo todo si tú no estás.
    El hombre que atiende el puesto de artesanías comienza a recoger sus cosas para irse. Adrián voltea a ver su reloj y su boca se tuerce en un gesto de disgusto.
- Pero lo tienes todo. Tienes todo lo que siempre soñaste, viajas cuando quieres, has cumplido tu sueño de ser doctora, tienes tu propia casa, y ganas bien... incluso tienes una buena familia, note puedes quejar, eres feliz tú no me necesitas y lo sabes.
    El nudo en mi garganta se constriñe, sonrío y volteo con desesperación hacia la izquierda, jalo tanto aire como puedo y volteo a verlo. Soy yo la que ahora se aferra con desesperación a la reja.
- No puedes decirme que no te necesito - casi le grito. - porque sabes que eso es mentira. Sí, tengo todo eso, pero entiende: sin ti me siento sola a pesar de que esté rodeada de mucha gente, nadie ha entendido este dolor que siento en mi corazón por ti, todos estos años mi dolor y sufrimiento han sido por ti... Porque te fuiste ¿Sabes? renunciaría a todo con tal de volver a tenerte, sé que es imposible pero...
    El señor del puesto de artesanías se ha acercado y le hace una seña a Adrian, él lo voltea a ver, se mese los cabellos con desesperación y resuelve hacerle una seña de que lo espere. Ahora soy yo la que revisa el reloj.
- Perdona por interrumpir - se disculpa como un caballero. Suspiro y agacho la mirada triste. Lo veo.
- Ya es hora ¿verdad?
- Sí, así es - asiente con la cabeza, está triste y para que no se sienta mal le sonrío y penetro su mirada con todo el amor de la mía
- Bueno... esta es la despedida, venía con ganas de decirte tantas cosas, pero no nos alcanzó el tiempo. Al menos tuvimos una despedida, no como la última vez que te vi. Te amo, eres un grandioso hombre, gracias por hacerme feliz los pocos años que estuviste a mi lado, jamás los olvidaré ¿Sabes? todos los días recuerdo aquellos años como si hubieran sido ayer.
    Adrián no deja de llorar y vuelve a poner su mano en la reja.
- Mi princesa, mi dulce princesa... te amo y sabes que siempre te cuidaré, siempre estaré contigo. Te llevo en mi corazón como yo sé que estoy siempr en el tuyo. Ya es hora de marcharme, me esperan.
- Sí, ya lo noté- le digo llorando y sonriendo. - Le agradeces por haberme dejado verte. Te amo y cuídate mucho.
    Antes de dejar que me vaya, Adrián me entrega una de las artesanías del puesto del señor: un colibirí lleno de color, tallado con detalle en piedra volcánica, es precioso. Emprendo la marcha de regreso a casa. Volteo a verlo por última vez, sigue ahí. Nos sonreímos.
- ¡Te amo! Me saludas a todos - me dice despidiéndose con la mano. No puedo evitar reírme.
- Sabes que no puedo hacerlo, me dirán que estoy loca ¡Te amo mucho!
    Permanece ahí parado, con suavidad, el hombre de las artesanías lo toma del brazo y juntos emprenden la marcha. Veo como se van alejando cada vez más. Mirando al cielo le arrojo un suspiro, aprieto la figura del colibrí contra mi pecho y llorando le susurro:
- Te amo... descansa... papá

jueves, 29 de octubre de 2020

Antes de que nos Olviden I - Somos Jóvenes

Miraba hacia la lejanía a través de la ventana del segundo piso… sin entender que se llamaba primer piso, porque la planta de abajo respondía expresamente a ese nombre: planta baja. No le importaban los clientes que, curiosos, caminaban entre los exhibidores conociendo los productos y buscando el que les resultara más atractivo y a los cuales él tenía que abordar para ofrecerles un buen servicio y convencerlos, sin que se dieran cuenta, de que compraran la mayor cantidad de productos posibles. Eso no le importaba, como tampoco le importaba que una cámara de circuito cerrado estuviera colocada precisamente en esa esquina para que el gerente y los guardias pudieran notar qué empleados pasaban tiempo mirando a la ventana, sobre todo cuando hubiera clientes en el piso de venta.

Miraba hacia la lejanía a través de la ventana del segundo piso… sintiendo el aire fresco golpear suavemente su bello rostro y refrescando ligeramente el calor que en la habitación se encerraba y que poco a poco se volvía insoportable, como ella. Habían pasado ya cuatro meses desde que se enteró que en seis meses más traería vida nueva al mundo y desde entonces no había podido salir salvo en las ocasiones que su madre descansaba y le pedía que la acompañara a comprar la despensa y, de paso, acudir a su cita con el doctor para asegurarse de que el bebé estuviera bien y que el embarazo fluía en orden. Pero ella, con el espíritu libre que la caracterizaba, estaba harta de permanecer encerrada en su casa, sin más compañía que la Pelusa, quien saltaba, corría y hacía destrozos por toda la casa, sin comprender por qué su dueña jugaba cada vez menos con ella. De igual manera, el contenido disponible en Facebook se volvía cada vez más monótono y el sonido de la música a lo lejos le recordaba lo igual de lejos que sonaban ahora sus momentos de fiesta y ruido.

Comenzaba lentamente un sonido de tambores, quizá sintético, pero a Ian le gustaba, más le gustó al reconocer que dicho sonido indicaba el inicio de una de sus canciones favoritas y que sonaba en el alto volumen de la fiesta ya a nada de salirse de control. El DJ había abandonado el recinto, cuyo techo lloraba por el calor condensado que los plafones no habían logrado filtrar, el ambiente olía a alcohol, sudor, humedad y calor, revueltos ya con humo de cigarrillo, marihuana y otras sustancias. Más de uno se encontraba ahora bajo el efecto del éxtasis, la cocaína o de cualquier otro estimulante de acción rápida, venta ilegal y fácil distribución entre los jóvenes.
    Saliendo del mar de gente, haciendo un excelente uso de su capacidad de orientación que pocas veces fallaba en situaciones como ésa, apareció Alice cargando dos vasos rojos llenos con alcohol y refresco sin ladearlos y sin permitir que la apretada multitud de jóvenes de los alrededores le hiciera derramar una gota siquiera, pues junto a cada vaso llevaba un paquetito bien enrollado de papel arroz, con la rica hierba que habrían de fumar para sentir lo bueno de la fiesta y había que impedir que se mojaran. Alice llegó por fin a lado de Ian y le ofreció el vaso con todo y el churro. Él la miró, en sus ojos de ebrio había la sorpresa, el miedo, la desaprobación y la duda dirigida a los ojos de ella
"¿Estás segura?"
     Mientras sus dedos se rozaban en el intercambio, ella lo miró con la ebriedad, la locura y la gran alegría de estar con la única persona en el mundo en quien confiaba, bebió de su vaso y el contenido resbaló rápidamente de su lengua a la garganta, el sabor se quedó prendado en su boca mientras adquiría otros mil sabores más y con sus hermosos ojos se clavó en los de él
"Sí, ¿tú no…?"
     Ian literalmente se empinó el vaso y Alice le siguió para vaciar juntos su contenido, después encendieron el churro, había que hacerlo, pues la fiesta podía acabar en cualquier momento, aunque ella, de querer, podía hacer que la fiesta durara toda la vida. La cámara lenta personal dentro de la cabeza de cada quién comenzó a grabar con efecto de baja exposición, las luces se convertían
mágicamente en estelas de colores que se difuminaban lentamente en el aire… 

Esa era la primera vez que lo sentía, asomado en la ventana lo recuerda él, sin fijar la mirada ni lejos ni cerca, solamente en el pasado que se hacía presente en su mente, cada vez más ocupada en los eventos venideros de los cuales desconocía el resultado y escapaban de su control. Miraba a lo lejos desde el ventanal, aún era posible mirar el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl desde ahí, cuando los niveles de contaminación lo permitían, cuando no, era más difícil y otras, imposible.
     Miraba a lo lejos desde la ventana, aunque el basural y los camiones removiendo la tierra para meter más basura en ella no eran precisamente un espectáculo interesante ni bello para ver, pero era lo que había, ella nunca se quejaba del momento presente, a diferencia del pasado el cual siempre rondaba su cabeza no sin atormentarla una que otra vez, había aprendido a mitigarlo mediante métodos poco ortodoxos, pero de un tiempo para acá, en su vientre, crecía una criatura con el poder suficiente para alejarla del pasado e iluminar su incierto futuro... pero el pasado seguía ah, a veces.

Alice estaba bailando con la gracia y la sensualidad que solamente ella era capaz de proyectarle al mundo cuando entraba un momento consigo misma; bastaba sólo un segundo para darse cuenta: todos los muchachos morían por bailar con ella y el único afortunado capaz de acercarse para acompañarla en ritmo y movimiento en su momento más sensual era Ian, solamente con el permiso de su cuerpo y de su corazón. El muchacho se sentía el centro del universo cuando Alice se sentía exactamente igual, y vio que la luz azul que los golpeaba se desvanecía suavemente como si estuviera hecha de humo dejando una larga estela con olor a fiesta en todo el ambiente.
    Estaba demasiado ebria y drogada como pa
ra preocuparse en controlar lo que estaba pasando con ella y con su alrededor, el presente se convirtió en una fuerte sensación difusa e instantánea que se convertía en un pasado incapaz de ser recordado, lo que vendría después era una pregunta que tampoco existía en su mente, Alice no podía pensar claramente, menos encontrándose en su lugar favorito, sin saber por su estado si era el ambiente de la fiesta o los brazos de Ian. Era aquél momento igual que los muchos otros que se hubieran vivido, pero era especial, podía sentirlo de manera diferente pues no era fácil decir algo como lo estoy sintiendo en tal o cual lado del cuerpo, simplemente estaba ahí y le haría cometer locuras o quizá burradas, pero no en esa noche en que, después de separarse de Ian, sintió los estragos del mareo como nunca antes. El aliento alcohólico iba delante de ella y se quedaba atrás trazando su rumbo, rápido encontró la mesa, rápido preguntó quién, rápido tenía en sus manos todo lo que necesitaba. El mejor momento de la fiesta era cuando se atrevían a repetir la dosis.
    Ian se había mostrado renuente al principio, pero Alice era
completamente consciente de lo que el chico se estaba perdiendo, no era una persona fácil de comprender, había que encontrar la manera de convencerlo para que se portase mal y ella era el pretexto perfecto. Encontrar la manera de llegarle se convirtió en un arte que Alice dominó pacientemente sin darse cuenta, le gustaba estimularle lo suficiente para que se pusiera en acción y dejara de pensar, pues esto último era lo que siempre le impedía ir más lejos en la búsqueda de las nuevas emociones que ella conocía más que de sobra.
    Ahora se encontraba tratando de descifrar con sus aturullad
os sentidos lo que estaba ocurriendo a su alrededor, unos cuantos gramos quemados liberando deliciosa sustancia en su sangre habían sido demasiado repentinos para él; la bacha murió pisoteada por mil gentes y mojada por mil fluidos en el piso y se puso a bailar. Más de momento algo pasó, Ian solamente había volteado pero el movimiento se sintió extraño, los colores se intensificaron y los sonidos se volvieron más intensos, regresó la cabeza esperando escapar de aquella súbita entelequia buscando refugio en donde sabía perfectamente que lo podía encontrar: en los ojos de Alice. Ahora en su mirada se encontraba ya alojada la estupidez, la fiesta, la sorpresa de estar experimentando algo completamente nuevo, por fin, después
de muchos años de privarse de dicho placer.
    Ella se encontraba en sus brazos, después de dejar morir un
montoncito diminuto de puro papel arroz con la punta quemada debajo de los pies y los sudores típicos de la fiesta, se resguardó en sus brazos esperando el momento oportuno. No se hizo esperar, en las cosas en las que Alice era experta rara vez se equivocaba. Los problemas salieron exorcizados como los espantosos demonios que eran y dejaron el campo libre a la paz y al momento presente siempre tan efímero. Cuando el ruido se intensificó y la cara se puso pesada con el placer de quien laxa los músculos lo volteó a ver, debido al constante ir y venir de las luces no podía ver su cara de sopor por la hierba consumida pero supo sin duda que, sin necesidad de quitar la mueca ridícula de sorpresa, tenía exactamente el mismo semblante que Ian…
    Esa noche eran jóvenes, Alice poseía únicamente 18 años en su
haber e Ian ya llegaba a los 22… salir juntos había sido siempre una tarea difícil que, ahora que se veía lograda, Alice disfrutaba. Al joven Ian no lo podías sacar de fiesta pero aquella noche, con el tiempo detenido, los sentidos intoxicados y la sordera de la música, todo se había vuelto diferente, Alice había logrado sacar a una fiesta
a Ian e, incluso, hacer que se divirtiera…
    Por el dulce efecto del café, Ian quedó
con cara de estúpido y mirada perdida contemplando todo a su alrededor, mientras Alice le rodeaba con sus brazos y colocaba el rostro en su pecho, sintiendo su fuerte taquicardia. Con la boca abierta y la sed a tope, Ian sonrió… Ya no importaba la hora que marcara su Fossil, regalo de Alice, importaba el vaso de cerveza que volaba por sobre las cabezas de los desafortunados que se encontraba debajo, importaba cuál sería la siguiente canción, importaba que el alcohol fuese suficiente para todos, pues junto a Alice solamente importaba el desmadre y la esperanza depositada con fe en un mañana que no llegaba todavía y que en ese momento no sólo era incierto, sino que no importaba en lo absoluto…
    El vaso de cerveza se vació mientras volaba por los aires a todo lo largo del salón hasta que golpeó de ll
eno el rostro de un joven que bailaba y el resto del contenido salió expulsado en efecto de explosión salpicando blusas favoritas, camisas de la suerte, peinados
para la ocasión y maquillajes de fiesta…
"¿Lo ves? No pasa nada."
"Nunca pasa nada."

El ruido del elevador abriéndose lo sacó de su improvisado y bien interiorizado soliloquio, no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado mirando por el ventanal y, sin duda, había llegado ya el momento de retirarse y volver a trabajar… fue eso o fue algo más, un impulso sublime llegado de la mujer que, al no encontrar nada inmediatamente saliendo, buscó de manera lógica –o quizá a través del mismo impulso sublime- en dirección al ventanal detrás del cubo del elevador. 
    Ambas miradas se encontraron en el mismo momento, verla era la más grande alegría que había sentido en mucho tiempo, pues Alice no había perdido su toque en cuanto a romper la rutina de Ian se trataba. Cuando pronunció el nombre del joven que, antes de ser nombrado había ocupado sus músculos para volverse, supo sin duda que si sólo quitaba la mueca de ridícula sorpresa del rostro de Ian ella tenía exactamente el mismo semblante que él. La hermosa jovencita con una dulce pancita de tres meses de buenas noticias sólo dejó el campo libre a la paz y al momento presente, siempre tan efímero. 
 
 

 


lunes, 6 de julio de 2020

Mescalito (Relato)


Se sabe que algunos pueblos nativos de la región ocupan el equivalente a un diminutivo en nuestra lengua para referirse a las cosas de mucho respeto… tradición muy extraña, que se ha ido preservando para señalar entidades y poderes muy antiguos.



Después de haber aspirado la pantanosa niebla del bosque en el que me encontraba, llegó un claro apenas iluminado por una luna bastante lejana. Entre la torpe luz que me era dada naturalmente pude vislumbrar un ser antiguo, no sabré decir cuánto, pues carezco del conocimiento para dar el dato exacto de la antigüedad del universo entero… o posterior incluso al mismo universo… una sabiduría que ya existía, viviendo y creando.
    Los mismos abuelos, los puntos cardinales, los comieron para soñar y crear al hombre, y aún entre ellos, eran pocos los que llegaban a presenciar al ser con forma de cactácea, el conocimiento ancestral capaz de guiar la sabiduría del universo. Nadie sabe de dónde viene tanto conocimiento, sólo que es capaz de dar poder a aquel que lo domina.
    Presenciarlo es tan terrible como hermoso, tanto que no sabía si contemplarle o aborrecerme… Ese ser que no permite que su poder sea usado por aquellos que le desagradan, existiendo casos de personas que habían muerto tratando de conocer y descifrar sus secretos. Cuando preguntó: su voz sonó terrible como una especie un zumbido ultrasónico, un tipo de onda más allá del poder de comprensión humana, que no supe diferenciar entre música o ruido; tan estridente, que tuve que gritar en voz alta mis propios pensamientos. Yo mismo me sentí tan abatido y confundido por la situación, que no supe en realidad qué le respondí a lo que me preguntó, pues mis palabras brotaron de mi boca como negras nubes cargadas con rojos destellos… Como si la física no permitiese la conexión material para hablar con un ser tan lejano capaz de romper todas sus leyes… Un ser capaz de romper esas leyes a voluntad y sin problema, quizá fue esa la sensación que me obligó a adornar con contorsiones mi intento de discurso a lo que me preguntó.
    Luego se fue, tan rápido cómo había llegado… algo me había querido decir, pero estuve demasiado asustado como para entenderle. Aun así fue bondadoso y jugó conmigo, en vez de destruirme por entero, con sólo uno de sus pensamientos.
    A veces también tiene forma de perro, aunque los más viejos se burlan y se ríen aclarando que en verdad se trata de la forma de un coyote. En fin, los más sabios a veces dicen que cada quien lo ve como su razonamiento quiere. Y eso en parte es verdad, pero sólo niveles más altos del conocimiento lo llevan a uno a poder ver alguna de sus verdaderas formas, revelando rara vez más de una.
    Capaz de atravesar el éter y llegar a estar al lado de quien lo invoca, pues se transporta desde las afueras del universo hacía esta dimensión tan limitada por sus leyes a través de la savia ancestral, el fruto del desierto y de los valles. Aquel que conoce a los enemigos y, conoce el procedimiento para vencerlos. La eterna sabiduría más allá de la naturaleza. Aquél que conoce el secreto de la herbolaria medicinal y sagrada, la historia del mundo y de los hombres y es de los pocos guardianes del secreto de su destino; la paz interna, la comodidad interior, la visión para el viajero... El viejo sabio que anda por el camino. Es la poesía existente antes de existentes las artes mismas… la danza y la armonía cósmicas, el sonido del universo, la vibración.
    Pero también el tormento, el castigo merecido por la osadía y el atrevimiento, el severo castigo de un honor ofendido, la justa venganza, el castigo divino, el terror vívido. Entonces, cuando volvió casi tan rápido como se fue, tuve la sensación de que ya estaba de vuelta hace tiempo y apenas me volvía a percatar de haber estado largo rato en su bello trance.
    Trance que no hubiese interrumpido de no ser la sensación, la noticia que nuestro cuerpo da cuando entiende que algo no está bien en él. Luego viene el miedo, el enemigo, no es el más poderoso de los cuatro enemigos que existen, pero últimamente hay muy pocos hombres que logran superarlo. Sin embargo, este miedo era tan real y auténtico, que me hizo sentir el más antiguo de mis terrores infantiles. La mente es mucho escándalo para sintonizar con la máxima presencia, por lo que puede resultar lesionada gravemente, llegar a sentir la propia muerte, la inexistencia… tus átomos dispersos en los espacios existentes entre dimensiones, la muerte de la mente, el cuerpo, y el espíritu, morir de verdad, ser un cuerpo condenado a pudrirse.
    No regresé a terminar mi preparación, permití con el máximo respeto posible que aquellos secretos quedarán ocultos y guardados únicamente para el uso de los sabios, aquellos que vivían largas horas en el árido desierto, aquellos que viajan a través de los planetas sin sufrir alteración fisica o química, los adoradores del poder prohibido, los casi inmortales, conocedores de los rumbos...
    Naturalmente mi guía se molestó mucho, más nunca supe ver si fue por hacerle perder su tiempo o por la decepción que sintió de mí, quizá fue también que estaba desesperado o un poco apresurado de encontrar un digno sucesor... él mismo me lo había contado, que cada día se sentía más viejo y cansado, pero mescalito le había prometido un sucesor y acémila de sus conocimientos, y mescalito no mentía, pero vaya que gusta de poner prueba tras prueba. Espero que Don Juan logré pasarlas todas.... pues si tan extraña e incomprensible era una entidad bondadosa ¿cómo de terribles serían aquellas destinadas únicamente a la destrucción?



Mal Padre

Cuando me preguntan si tengo hijos suelo contestar <<tuve uno>> su madre me lo quitó porque, según ella, yo era un mal padre. Si...