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lunes, 27 de abril de 2015

Los Hombres con los Ojos Vendados

En algún pueblo de cualquier lugar, se encuentra una pintoresca plaza cívica, en uno de sus extremos podemos ver un pintoresco kiosco que termina de darle belleza y encanto al lugar. Hasta el otro extremo de la plaza, se encuentran casi juntos un templo y el ayuntamiento. 
   Todos los días, desde muy temprano y hasta muy tarde, la plaza está llena de gente, varones, mujeres, niños y ancianos. Todos ellos se aglomeran en la plaza que cada día parece ser más pequeña para la creciente población que ahí se reúne. Dichas personas están tan apretadas en esa plaza que no necesitan ni siquiera hacer un esfuerzo por estar de pie, debido a que se recargan unos sobre otros sosteniéndose así la gran masa de gente.
   Dichas personas se encuentran todas orientadas en dirección al kiosco y quedan de espaldas al ayuntamiento y al templo, quizá ni siquiera sepan de su existencia ni de sus funciones, pero no les interesa, ellos están ahí para escuchar. Simplemente para eso.
   Cada uno de los individuos allí reunidos, tiene los ojos vendados con una gruesa tela de color negro tan apretada que apenas y les permite respirar, podrían quitársela, de no ser por que sus manos están fuertemente atadas a un espejo, en el cual no se pueden reflejar.
   Pero no es necesario reflejarse, pues hay una persona en el templo y otra en el ayuntamiento, ninguna de esas dos personas tiene vendas ni manos atadas, están libres y desde sus respectivos lugares, día tras día, le gritan a la multitud:
- Han nacido ciegos y tullidos, pero no se preocupen, no necesitan hacer nada, nosotros haremos todo el trabajo por ustedes, seguimos mejorando para su bienestar- grita el hombre del ayuntamiento.
- No necesitan verse los unos a los otros para distinguirse ¿Para qué quieren distinguirse? Si todos son completamente iguales- grita el hombre del templo.
   Así pasan las horas, las personas confundidas y aturdidas por los gritos y el calor se dedican a escuchar pasivamente, mientras esperan a que llegué la comisión.
   La comisión son otro grupo de personas, las cuales llegan en vehículos que transportan comida y bebida para todas las personas que se reúnen en la plaza, las personas de está comisión tienen las manos y los ojos libres, pero los labios pegados y cosidos, por lo que no pueden pronunciar ni una sola palabra. Se dedican a cumplir su labor: que consiste en alimentar a las personas de la plaza para que no desfallezcan, las refrescan, sacan a los ancianos o niños que murieron sofocados y se los llevas lejos de ahí, nadie sabe a dónde.
   Cuando la noche llega, otra comisión llega para llevar a todos los individuos a sus casas, alimentarlos y dejarlos en sus habitaciones para que estén listos al día siguiente, cuando vuelvan para llevarlos nuevamente frente al kiosco.

   En los hospitales, fábricas y demás instituciones habitan también hombres que tienen sólo la boca cosida, ellos ven los horrores que se suscitan en la plaza, pero no pueden decir nada, si lo intentan se lastimarán y nadie quiere lastimarse, además, los individuos de los altos mandos: políticos, empresarios etc. No tienen la boca cosida ni las manos atadas ni los ojos vendados, pero son completamente sordos. Lo que único que hacen cuando alguien se ha descosido la boca o ha logrado desgarrarse los labios en un intento desesperado por hablar, simple y sencillamente le vendan los ojos, le atan las manos y lo llevan a la plaza más cercana para que, a partir de entonces y hasta el momento de que muera de insolación o de sofocamiento, escuche las frases y palabras de las personas del ayuntamiento y del pueblo.
   Cuando un nuevo niño nace, es llevado a un comité especial, donde gente que no es sorda, ni tiene manos atadas ni la boca cosida, pero sí tiene vendas en los ojos, decide imparcialmente por el destino de cada uno de los niños recién nacidos, si será alguien de la plaza, un declamador, o cualquier otra función, a la cual será capacitado desde la más temprana edad.

   Un día, alguien que no tenía vendas, ni suturas, ni amarres... alguien libre. Se subió al kiosco y desde ahí comenzó a gritarle a la gente:
- Cada uno de nosotros es diferente al otro, dense cuenta de que tienen los ojos vendados y las manos atadas, todos somos capaces de decidir por nosotros mismos sin dejarnos guiar por alguien que sabe que no le conviene que nos demos cuenta de ello- el desesperado declamador intenta por todos los medios despertar a esa multitud.
   Primero intenta cantar, compone una rítmica y pegajosa letra para describir el asunto al que son sometidos los hombres en la plaza, pero aún así, todos siguen escuchando a las personas del templo y del ayuntamiento.
   Después decide tocar una música tan escandalosa y ruidosa como una tormenta con el fin de que las personas de la plaza se liberen de las ataduras de sus manos para poder taparse los oídos, pero todos se quejan y piden a los hombres del ayuntamiento y del templo que les de alivio, por lo que la comisión llega con unos tapones para los oídos que calma sus pesares.
   Por último el hombre del kiosco crea un hermoso dibujo y espera a que los hombres de la comisión lleguen para que puedan verlo, con esto, el hombre del kiosco intenta convencer a los hombres de la comisión que le quiten la venda de los ojos a las personas de la plaza. Pero el miedo los oprime y deciden no hacer nada.
   Las personas que desde el ayuntamiento y el templo gritan, empiezan a ver que el hombre del kiosco es constante e incansable, incluso ven como algunos hombres con los ojos vendados comienzan a romper sus espejos contra el suelo, mientras el hombre del kiosco continúa su discurso. Otros comienzan a cantar la canción que el hombre del kiosco canta día con día. Otros platican entre sí mientras los hombres del ayuntamiento y del templo platican, sin prestar atención a lo que dicen.

   Un día, el hombre del kiosco no subió, ni siquiera se apareció, ahora el único ruido perceptible es el discurso del hombre del ayuntamiento y del hombre del templo. Nadie se pregunta a dónde fue aquél hombre, a nadie le interesa.
   Todos los días, desde muy temprano y hasta muy tarde, la plaza está llena de gente, varones, mujeres, niños y ancianos. Todos ellos se aglomeran en la plaza que cada día parece ser más pequeña para la creciente población que ahí se reúne. Dichas personas están tan apretadas en esa plaza que no necesitan ni siquiera hacer un esfuerzo por estar de pie, debido a que se recargan unos sobre otros sosteniéndose así la gran masa de gente. 
   Debido a esto, los empujones que da uno de esos hombres pasa completamente desapercibidos, ese hombre que empuja tiene los ojos vendados, las manos atadas, la boca cocida y los oídos reventados... Esto con la finalidad de que jamás vuelva a subir al kiosco.


lunes, 2 de junio de 2014

El Reclamo

Cuando era un poco más y joven (y un poco más estúpido), cometí muchísimos errores por tomar una decisión incorrecta al momento de elegir lo que deseaba hacer de mi vida. Errores que repercutieron directamente en la relación con mi padre y con el resto de mi familia. 
   Recalco la parte de la mala relación que llevé con mi padre, porque en esos días de errores, depresiones y desesperaciones, no podía dejar de recordar aquellos bellos momentos en los que mi papá no era sólo el hombre con el que compartía gran parte de mi carga genética; sino que era lo más que he tenido en este mundo a un verdadero amigo.
   Recuerdo los días en que lo acompañaba a comprar cartones y cartones enteros de cerveza para la tienda que poseía mi mamá, o acompañándolo a la tienda al mayoreo para surtir los abarrotes. Eran jornadas llenas de sudor, cansancio, calor y confidencialidad. Me gustaba escuchar los larguísimos sermones que mi padre era excelente dando, procuraba aprender lo más que podía de aquellas palabras tan sencillas que brotaban del noble corazón de mi padre. Un hombre sin educación, quien aprendió todo a base de duras etapas de su dolorosa vida.
   Es entonces donde mi rebeldía, (joven e inexperta), metió las manos al fuego, decidí alejarme de mi hogar y de mi familia para atender lo que yo erróneamente llamé "vocación". Pero lo que verdaderamente hice fue dejar solo a mi padre con mis hermanos que estoy más que seguro que no le apreciaban tanto como yo. En fin, que no estoy escribiendo esto para culparme de la futura depresión de mi padre, que en todo caso es más que obvio que no dependía de mí.
   Estoy aquí para declararme responsable de lo que sí fue mi culpa y es que, en un hórrido ataque de sordera, no me di cuenta de que (en caso de existir Dios), me hablaba a través delas muy sencillas palabras de mi padre y, en el más humano de los casos, mi padre sólo trataba de evitar que yo cayera en el error.
   Pero yo le odié, le odié por eso. Le odié por trata de protegerme. Porque al momento de que yo argumentaba de manera incorrecta él me corregía. Porque al tener un "logro" no me daba cuenta de que ese logro no cumplía ni siquiera con mis propias expectativas. 
   Odié a mi padre por haberme odiado cuando yo le odié primero.
   Llegó a tal punto mi torpeza, que utilicé mi más apreciado don para reclamarle por el modo en el que me trataba. En ese momento me sentí orgulloso, pero ahora me doy cuenta que esos versos y esas estrofas no invitaban a mi padre a reflexionar, sino que se trataba de un terrible reclamo que yo no tenía ningún derecho de hacer.
   Sin embargo, he decidido conservarlo en lugar de destruirlo, porque en él veo el amor de un padre y un hijo que poco a poco se convierte en una falta de entendimiento mutuo. Yo no quería entender que él trataba de evitar que cayera en el error, y él no entendió que yo era joven y no tenía ni idea del riesgo que estaba corriendo sin medir las consecuencias.
   Papá, toda mi rebeldía era mi manera de gritar que me ayudarás, y me enojo ante tus reclamos era mi orgullo negándose a aceptar que me estaba equivocando. No eres el padre perfecto así como no soy el hijo perfecto. Hay talentos y dones que he desarrollado gracias a ti y me gustaría que algún día te sintieras orgulloso de ellos. Mi errores como hijo no son tus fallas como padre, sino mi falta de conciencia al escuchar tus consejos.

Sí, aquí estoy otra vez, de nuevo fracasé
esperando que me voltees a ver;
reclámame después, porque hoy me siento mal
y no quiero que me culpes por llorar,
por no ser el mejor y atreverme a intentar
un sueño que tú me has de arrancar

Todo lo que hago sabes que es por ti
para que tú sientas gran orgullo de mí,
todo lo que hago es para obtener tu amor
pero tú te empeñas en romper mi corazón.

Yo no quiero ver en ti, al cantar mi canción,
a la única persona que no me aplaudió.
Estás en mi llorar, estás en mi fracasar
quisiera que estés en mi soledad.
Me dices: "otra vez", que lo vuelva a intentar
pero con tu pie me vuelvo a tropezar.

Todo lo que hago sabes que es por ti
para que tú sientas gran orgullo de mí,
todo lo que hago es para obtener tu amor
pero tú te empeñas en romper mi corazón.


lunes, 23 de diciembre de 2013

Luna de Cristal

Brilla, blanca por el cielo en que naciste, siempre te veré más bella, siempre me hallarás más triste.
Juan de Dios Peza

Mi vida, oscurecida desde adentro debido a la pérdida de mi hermosa estrella, oculta en la distancia, a cobrado un nuevo tono oscuro y confuso.
   Que puedo tener como inspiración si aquella que brillaba en mis noches de  soledad ya no está, su luz ya no resplandece en las noches más oscuras y por lo tanto, yo no puedo convertirme en la sombra que se proyecta en el suelo y que sobre éste se arrastra.
   Qué castigo tan intenso sufre mi herido corazón, mi estrella se ha apagado, se ha ido tan lejos para alumbrar a alguien más y espero que aquella persona a la que alcance su resplandor, sepa venerar con el debido respeto la potente luz de la estrella de mi princesa.
   Hay una luz más grande, más potente y sin embargo, no apunta hacía mí, sino hacia todos lados, casi de la misma manera en que lo hace el hiriente sol, su brillo opaca las demás estrellas que a su lado se encuentran y alumbra los rincones más oscuros de los corazones solitarios.
   Seguramente el brillo de mi estrella se vería reducido a nada junto al resplandor intenso y blanco de la luna de cristal que alumbra como un enorme faro en el oscuro telón del cielo.
   Esa luz es hermosa, bella, digna de admirar, lamentablemente, se trata de la luna y no de cualquier luna, de una luna de cristal, tan frágil como su mismo brillo. Una luna que no todas las noches alumbra el cielo, una luna que a veces nos muestra un lado oscuro y que a veces parece ser más grande y en otras ocasiones, se encuentra ausente, deleitando a alguien más.
   No es como mi estrella que deleitaba a toda la creación y engalanaba el cielo entero, mi estrella visible desde cualquier punto de la tierra. Se diferencian también, en que la luz de esa luna de cristal ilumina a tantos y a nadie, la luz de mi estrella, iluminaba a todos pero sólo a mi me miraba.
   Mi estrella se encuentra tan lejos, y la luna de cristal tan cerca, tan cerca que la puedo tener, pero ausente en las noches más oscuras cuando necesito de su luz, por eso no puedo amar a la luna, porque aunque lejos, mi estrella está ahí, y la luna, tan cerca, se pasa las noches de amor ausente.
 

 

martes, 9 de julio de 2013

Hime Krasivy (Narración)

¿Quién es la inspiración de mis poemas? ¿Quién es la que enciende con su bella y roja flama mi delirio amoroso para escribir empedernidamente? ¿Quién hace que mis palabras se vuelvan cursis y metódicas solamente para exagerar al punto de lo inentendible toda su belleza? ¿Quién hace que yo tema dormir por el simple hecho de que tengo miedo de no soñar con ella? 
    Es simple, simple y repetitivo como jamás lo serán las historias verdaderas de Amor. Una Princesa, que con su gran belleza logra deslumbrar a este pobre plebeyo, uno de los muchos que se postran con mirada espabilada a las orillas del sendero que recorre solamente para que un rayo de la luz brillante que irradia toque nuestros ojos embelesándolos y así caliente nuestros rostros.
    Ella es la princesa Hime Krasivy, una noble dama de pureza sin igual; sus ojos son el más hermoso poema de amor que jamás se haya escrito, una tierna poesía inspirada únicamente en su rostro y escrita de una manera tan dulce como su voz, la compostura de aquellos versos son resguardados por sus labios y sostenidos para siempre en el negro misterioso y profundo de sus cabellos.
   Sus rojos, tiernos y dulces labios están encantados, con una sustancia que nadie puede distinguir entre la medicina o el veneno, el hombre que haya tenido la dicha o la desgracia de besarles, seguramente se encontrará vagando todavía en el infinito de esa pasión de la cual son poseedores. Aquellos labios deliciosos, encantados, son la única e inescrutable  compuerta a una hermosa galaxia, cuyas estrellas son las brillantes perlas de sus dientes, que por verlas los hombres mueren y las demás mujeres se enrabietan.
   No obstante, rostro refleja tristeza, una tristeza desconocida, causada seguramente por un acto tan infame como para querer atentar contra la belleza de aquella criatura; sin embargo, ni la tristeza, ni los años podrán cubrir con su horroroso y denso polvo la belleza natural que siempre existirá en ese rostro tan perfecto, como perfecto solamente podría ser el mismo Dios.
   Ella es la Princesa... como la conocen todos, como la conozco yo... la Princesa Krasivy, cuya piel deseo tocar sin importar que mis manos se corten y mi piel se agriete con la dulce finura de la seda de su piel, creo que ni siquiera la seda es tan suave como la piel de la Princesa; no existe ningún tejido, por esmerado que se fabrique, que pueda siquiera intentar la gran osadía de superar la perfección de Hime Krasivy. 
   Cae la noche, como caen sus cabellos negros, pero hasta la inmensa y profunda oscuridad nocturna se somete al negro de sus cabellos, que al descender someten toda clase de tiniebla y nos brindan una oscuridad acogedora. Yo quiero perderme en esa oscuridad y quedarme dormido en el inmenso sueño de su perfume, esperando a la muerte, que es la única capaz de arrancarme del inmenso idilio al que la fantasía de donde ha nacido la Princesa me ha sometido.
   ¿Existe acaso una belleza tan grande como la de Hime Krasivy? Quizá sólo en el paraíso, cuya prueba de su existencia es la Princesa Krasivy, seguramente es la criatura cuya ausencia ha dejado en tinieblas al mismo Luzbel. 
   ¿Qué merito tenemos los mortales para disfrutar de una obra de arte como Ella? Seguramente se trata de una de las rosas que la Virgen plantó en la tierra y que ha crecido tan hermosa como la divinidad misma. La obra misma del amor, la mujer perfecta de los poetas, la figura sin falla de los escultores,  la musa inspiradora de los pintores, la inspiración misma de los escritores, cada musa de cada uno de los artistas consumada en una creación sin igual. Después de la Princesa, no habrá artista ni creación que valga la pena admirar.
   ¿Qué mérito tengo yo que me atrevo a enamorarme de ella? ¿Para intentar plasmar su belleza en medio de estas letras muertas? No lo sé... tal vez se deba a que toda mi cordura y razón se han ido con ese destello de luz que ella una vez dejo caer sobre mí. Así es, soy dichoso entre todos los mortales, porque durante una brevedad, pude amarla y tener su amor infinitamente esplendoroso.
   Sin embargo, me di cuenta de que su corazón era tan valioso, que intentar poseerlo se trataba de un pecado inexpugnable. 
   Por eso, la bella Princesa se ha ido al cielo, a 42, 274, 352 años luz de la tierra, una distancia que esconde perfectamente su identidad. Porque solamente el cosmos es tan infinito como para salvaguardar de manera integra tanta belleza y perfección.
   Ahora es solamente una estrella más entre todas las que iluminan las románticas noches de los enamorados y las solitarias noches de los artistas. Ella se elevó para siempre en un lugar donde jamás la podré alcanzar, donde estará segura, donde mis manos no podrán profanar su cuerpo, ni mis besos enturbiar aquella boca, donde mis letras no podrán expresar las terribles herejías de intentar describir su belleza. Donde mi amor no podrá alcanzarla.
   Ella brilla, solitaria, pero siempre hermosa, y brillará por toda la eternidad... puedo escuchar las notas musicales de su voz y la dulce melodía de sus palabras que me envuelven cada noche en una canción de amor. La veo brillar todas las noches, la Princesa Hime Krasivy, poseedora de una gran belleza y de un infinito amor; los cuales tuve la osadía de querer poseer. Ella se ha ido al cielo nocturno, de donde yo pienso que jamás debió bajar, y ha vuelto a dejar a todos los mortales inmersos en la soledad.
   Desde ese cielo oscuro y frío que se ilumina y se calienta con su presencia, suelo imaginarme noche tras noche que me grita: TE AMO.



sábado, 6 de julio de 2013

El Mundo Se Acabó

Había muchísima gente, cada una ocupada en sus propios problemas y conflictos, realizando cosas que el mismo momento vivido meritaba. Muchos tomaban fotos, otros tantos se abrazaban y felicitaban a sus hijos que habían terminado el bachillerato; los profesores sonreían con gran satisfacción al ver a sus alumnos terminar sus estudios, bien o mal, pero estaban orgullosos.
   Me encontraba claramente en medio de ese detestable bullicio y caos que se hace característico de los eventos como ese, de momento forme parte de él y me perdí en medio de todo ese enorme embrollo, como si no pensara o no fuera dueño de mis propias acciones, dejé que las emociones guiarán un poco mi actos para poder comportarme de la manera más acorde a lo que estaba viviendo.
   Sin embargo, no me hallaba en ese lugar, entre toda esa gente y opté por retirarme para darme un ligero respiro.
   Fue en ese preciso momento en que me volví para darle la espalda a todo, que todo se acabó: no escuché jamás de nuevo el ruido que producían los llantos, las felicitaciones, los elogios, el arrastrar de sillas y demás cosas que perturbaban mi mente en esos momentos, en menos de una milésima de segundo todo quedó en silencio, un silencio espectral que sólo llega cuando todo se acaba.
   Mis pies dejaron el suelo, y mi alma el cuerpo que la encerraba, mis ojos se enfocaron en seguir la más hermosa visión que pudieran haber tenido en mi aún breve existencia.
   Sintiéndome a flotar en el enorme vacía de la nada, me aferré a esos brazos, aquellos brazos que cálidamente supieron satisfacer la necesidad de alguien en medio de la soledad, de alguien que habita en ella aún envuelto por el temor de no salir jamás.
   El mundo se acabó, y nada más existió sobre la faz de la tierra que valiera la pena que existiera en ese momento, todo lo que constituye al mundo tenía un valor tan superficial y prescindible que no hubo necesidad de mantenerlo en el ambiente. Solamente la existencia de dos corazones que luchaban por fundirse en uno solo contra los huesos, la carne y la piel que los separaba uno del otro.
   El mundo se acabó en medio de tus brazos, el ruido se convirtió en silencio con el latido de tu corazón, el aire se transformó en vacío con tu respiración en mi oreja y todo se volvió nada al percibir en mi mejilla la fina seda de tu piel, el mundo no existió para mí mientras aquella tierna caricia que se daba con el pretexto de la situación se fundía en la más pura percepción de los más raros sentimientos.
   El mundo se acabó, porque nada más importa cuando estoy contigo; el mundo se acabó porque tarde o temprano me tuve que separar de ti mientras escuchaba a mi corazón gritar mientras se negaba a apartarse del tuyo, cuando mi piel se separo de la tuya con el ruido doloroso de una ruptura y nuestras vidas seguían su camino para no saber cuándo volverían a unirse pero con la seguridad inefable de que lo volverían a hacer.
   Cuando el mundo se acabó, me retiré del lugar, despidiéndome de lejos y por fuera pero siempre satisfecho por jamás haberme despedido por dentro.

viernes, 19 de abril de 2013

Hoy Tuve Miedo

Hoy tuve miedo... un miedo que desde la lejana y ya casi muerta infancia no sentía, un miedo que me electrizó la sangre, paralizó mis músculos y me envenenó la respiración. Un miedo tan potente que me mantuvo inmóvil durante los infinitos segundos que estuve frente a él.
   Hoy tuve miedo de ya no volver a encontrar un camino de salida, tuve miedo de quedarme encerrado para siempre en la hermosa pero tremendamente desconocida dimensión que ante todo mi ser de desplegó en una infinitud tal que el mismo universo parecía una gota de agua atrapada en una enorme nube de tormenta.
   Hoy tuve miedo de perderme... de perderme y no volver, de entrar y no salir, de beber y no saciarme, de dormir y no soñar, de morir y no resucitar. Por primera vez en toda mi perenne existencia, tuve miedo de perderme en aquella infinita dimensión que marcialmente custodia el color rosa que es colocado a la entrada. De estar para siempre atrapado en las indestructibles redes que tejen la tierna carne de tus labios.
   Hoy tuve miedo de juntar mis labios a los tuyos, porque al hacerlo me fusionaría eternamente a ellos y flotaría permanentemente en el dulce licor de tu saliva, embriagado en ese delicioso néctar que ni siquiera los dioses tendrán el gusto de probar.
   No tuve miedo de unirme a ti... tuve miedo porque jamás había experimentado esa sensación ilimitada que guardaban tus labios. Me dio miedo el volver eternos esos efímeros segundos, tuve miedo de probar nuevamente la infinitud del tiempo que se vive con intensidad milésima por milésima. Me dio miedo hacer eternos unos instantes porque volvería a ver la vida vacía y llana al momento de desprenderme de tus labios y encontrar que es mejor vivir unos segundos de eternidad que una vida fugaz.
   Ahora... quiero perderme en el infinito.

viernes, 5 de octubre de 2012

Mi Rosa Negra


Dicen que el Amor nos aprisiona, también dicen que la verdad nos hará libres ¿eso quiere decir que no se puede llevar a cabo el amor con la verdad…? Ha sido una pregunta que me ha torturado desde el primer día que comencé a amarte mi querida Rosa Negra.
    Tengo demasiadas cosas en mente. Me atrevo a decir que todas dirigidas hacia ti. Quiero que las entiendas, desde la primer letra capital hasta el punto final. Quiero que comprendas lo que yo mismo te he dicho de manera que no lo puedas comprender.
   Mi Rosa Negra… cuando el jardín de mi alma se había convertido en un enorme y horrible llano de tierra estéril, vagaba por él un muchacho. 
    Caminaba segundo a segundo de su cruda existencia entre esa tierra martirizada por el intenso sol, que arreciaba con más dureza cada día, castigando aquel jardín que nunca fue verde. El muchacho caminaba todos los días por aquel campo, el corto pasto reseco se quebraba al ser pisado, siendo ese tenue y rítmico sonido el único que rompía el sepulcral silencio del campo de la muerte.
   Dicho campo muerto y seco era el lugar donde el joven iba para escribir poemas de amor con tinta roja. Dicha tinta era su propia sangre, porque el joven quería escribir acerca de sus verdaderos sentimientos. Pero el apasionado escritor se daba cuenta de una trágica verdad: aún cuando en su sangre llevara los sentimientos más certeros que podría sentir y al momento de plasmarlos en papel, podía ser el autor más objetivo de la tierra; su sangre, roja al principio, se secaba y se volvía color negro, desintegrándose con el paso del tiempo, desprendiéndose de la hoja en forma de polvo que se confundía con la demás tierra seca del árido lugar o que era llevada por el viento a quién sabe qué lugar.
   Los días, las semanas y todas las demás maneras en las que el hombre a sí mismo se ha encadenado al tiempo, pasaron en ese jardín, que no enverdeció, ni murió más, solamente se quedó así, como estaba, lleno de desolación y vacío. Abandonado y desértico.
   El joven poeta seguía paseando por aquel horrendo paisaje de verdadera desolación, y pronto sus poemas dejaron de ser tan románticos como él alguna vez lo fue… comprendía entonces que sus sentimiento deberían de ser como su sangre: verdaderos y reales, sin embargo, al quedar plasmados en un alma los mismos comienzan a morir y pronto un leve soplido los desprendía del corazón para arrojarlos a tierra infértil o llevarlos a un destino impreciso… el poeta sabía que así eran los sentimientos: perecederos, mortales y algún día terminarían. Sabía que adentro de su alma tenía una enorme necesidad de encontrarse consigo mismo, de encontrar su alma y pronto vio que se parecía a aquel jardín: desértico, abandonado, en el que nada crece, en el que el ardiente sol quema y mata todo.
   Pronto el poeta se dio cuenta de que ya no podía escribir más poemas de amor, sino que simplemente dejaba la hoja en blanco y se retiraba para regresar al día siguiente al mismo lugar. Regresaba todos los días a su soledad, su soledad desértica que impedía que en él crecieran hierbas y flores que dieran frutos. Regresaba a quemar las plantas con el fulminante sol, regresaba para masoquisarse a sí mismo adentrándose en la soledad que tanto le destruía y de la cual también disfrutaba como de ninguna otra cosa en la vida. El joven poeta era como ese jardín, grande y extenso pero el sol de la monotonía había resecado por completo y ahora impedía que floreciera cualquier cosa, ese jardín anhelaba el agua y el poeta anhelaba el amor, por eso mismo escribía poemas para poder satisfacer, momentánea pero intensamente,  aquella enorme necesidad de amar a un ser que dependa directamente de él. Pero era imposible seguir soportando la terrible soledad que poco a poco mataba todo lo que dentro del poeta tenía vida. El joven comenzó a vestirse de ropas negras, sin importarle el calcinar del sol, iba vestido al jardín muerto para demostrar que él igual estaba muerto, dejó de llevar papel y pluma, solamente iba él y su desolada y solitaria alma al jardín de espinos, donde ni una gota de agua había caído en mucho tiempo.
   Sintiéndose por fin, completamente absorbido por la soledad, el poeta lloró un llanto tan amargo como la hiel que se había derramado por su corazón. Una de esas amargas saladas y dolorosas gotas brotó de su ojo, rodó por su mejilla y se posó un momento en la barbilla del muchacho antes de caer de manera vertiginosa al suelo, donde no duró más de unos cuantos segundos y desapareció. Luego, el muchacho abrió su libreta y vio sus letras de costra en el papel, sacudió un poco las hojas en el lugar donde había caída su lágrima y la sangre seca se convirtió en polvo que se quedó en un pequeño montoncito encima de la pequeña gota de llanto. El joven terminó su amargo llorar y se retiró.
  
   Una hermosa y pequeña gota de soledad, una lágrima: una pequeña gota que lleva en su interior la total razón de lo que la provoca, si es por odio, esa lágrima estará llena de rencor; si es por alegría, esa lágrima estará llena de entusiasmo; si es por soledad, esa lágrima estará infestada del deseo de tener a alguien que calme la soledad.
   La tierra, que siempre había sentido una enorme compasión de ver todas las tardes al joven poeta pasear solo encima de la arena, se dejó llevar por su compasión, sintió lástima por aquel joven que a pesar de ser tierra estéril, siempre acudía a una cita puntual con ella.
   A pesar de llorar por tener el corazón lleno de soledad, la tierra pudo humedecerse de la voluntad de calmar las ansias y la sed del joven por querer a alguien que llenara ese hueco en su corazón. El polvo de la sangre en el papel, fue el abono lleno de amor que hizo que, aún en aquella tierra árida, se suscitara algo que todos los demás llamarían: un milagro.

   A la tarde siguiente, como era costumbre, el poeta se dirigió al jardín para seguir torturándose, pero en ese momento, en el lugar que había destinado a la inspiración, al pensamiento y a la reflexión, había una paradisíaca aparición, un pequeño oasis de hiedra, que, trepando por las ramas de un árbol seco, hacían una especie de nicho e incluso le daban la forma de un templo dedicado a la belleza de la vida en medio del salvaje desierto, el joven se acercó para observar lo que habría dentro de aquella casa de hiedra y se sorprendió al ver lo que se encontraba dentro: una única, hermosa, enorme y radiante rosa roja se encontraba en ese nicho como si una virgen dentro de su capilla se encontrara. La rosa gozaba de frescura en ese nicho de hiedra, sus espinas eras puntiagudas pero hacían resaltar aún más la belleza de la flor
– Hola- dijo la rosa con la voz angelical y femenina más hermosa con la que sólo se pudo haber soñado – ¿qué andas haciendo por aquí poeta?
– Busco la inspiración para escribir sobre amor
– Pero sólo has encontrado soledad
– Así es…
– No te preocupes, poeta, he visto como te hace sufrir la soledad y estoy aquí para que no vuelvas a encontrarte solo en este desolado jardín.
   Desde ese día, el joven iba todas las tardes al jardín para platicar con la hermosa rosa roja, sentado a la sombra de la hiedra, el poeta le contaba a la rosa como es que la soledad había consumido su alma y endurecido su corazón. Lo único que se podía sentir por un alma así era verdadera lástima y compasión y la rosa no fue la excepción, conmovida por la soledad y desesperación del joven le escuchaba atentamente a cada momento que él llegaba para desahogarse, la rosa sentía que el poeta debía sufrir mucho y se vio impotente ante todo su dolor, por lo que escuchaba atenta a lo que le decía. Un día por fin el poeta pudo sonreír, motivo por el cual la rosa se alegró, pero en ese momento su tallo se dobló y al joven le pareció que podría romperse, ya que en ese momento se vio tan frágil
– Pero, Rosa ¿qué te sucede?- preguntó angustiado el muchacho
– No te preocupes- contestó la rosa con su angelical voz – es solo que en medio de este campo tan árido, me ha dado un poco de sed, pero no te preocupes.
   En ese momento, el joven entendió que solamente había escuchado la voz de la rosa dos veces, una había sido cuando la conoció y la otra era apenes hasta ese día. No podía ser posible que el poeta fuera tan desconsiderado, la rosa le dedicaba tanto tiempo y él no había sido capaz de llevarle un poco de agua para que saciara su sed provocada por estar en ese árido valle de muerte. El poeta sintió en ese momento la compasión, la rosa debía de sentirse sola de estar todo el día mirando al desierto árido que tenía enfrente, desde la mañana hasta la noche y gozar solamente de la compañía de alguien por unos breves momentos de su existencia. El poeta había sido injusto, así que a la tarde siguiente, le llevó a la rosa un poco de agua helada
– Pero ¿por qué haces esto?- preguntó la Rosa – No sabes que yo estoy condenada a morir de sed por haber nacido en este jardín
– Es como si yo aceptara a morir de soledad por estar en este jardín. Tú me enseñaste que no deben de ser así las cosas- contestó el joven
– Te estoy agradecida, pero me temo que no se como pagarte
– El único pago que quiero de ti, es que sigas a mi lado y sacies mi soledad
– Y lo único que yo recibiré será un poco de tu agua fresca.
   Ambos callaron, y disfrutaron de la bella sensación de estar uno cerca del otro para poder apoyarse mutuamente.

  Así, los días las semanas y todas las demás maneras en las que el hombre a sí mismo se ha encadenado al tiempo, pasaron en ese jardín, donde un pequeño nicho había brotado de una amorosa y solitaria lágrima. En ese pequeño nicho creció una flor y la flor era visitada por el poeta. Todas las tardes, el poeta atravesaba el árido valle para llegar a esa parte tan especial, le daba agua a la rosa y comenzaban a charlar, sobre sí mismos.

   Una noche, el poeta empezó a sentir lástima por la rosa, no podía quitársela de l mente, la imaginaba sola en frío que hacía en el desierto a esa hora, posiblemente algún animal salvaje la maltrataría, tal vez una helada la quemaría… era imposible reconciliar el sueño… pobre rosa, tan buena y noble y a la merced de todo el mundo… no podía ser así, el poeta se levantó de la cama pera ir a acompañar a la dulce flor en su nicho. Tomó un abrigo grueso y se dirigió al desierto, precisamente, esa fría noche de invierno había caído hielo y el nicho se encontraba lleno de nieve. El poeta se asomó con una vela en la mano y encontró a la rosa temblando de frío con una ligera capa de escarcha sobre sus pétalos color carmín
– Poeta- dijo la rosa sorprendida – ¿qué haces aquí? No ves que te congelarás
– No me importa- contestó el poeta – tu me liberaste de la soledad y es por eso que yo te daré el calor que necesitas esta noche.
   Sin decir más, el poeta se arrodilló frente a la rosa y se abrazó a su peligroso tallo cuyas espinas comenzaron a herir la piel del joven
– Espera- dijo la rosa – te estás haciendo daño con mis espinas
– No me importa- dijo el poeta – tú me liberaste de mi soledad… así que no me importa morir si es por ti
– Pero ¿acaso no vez que si mueres ya no podremos estar juntos?- el poeta se asustó, se separó inmediatamente de la rosa y se alejó del lugar, dejándola llorando.
   A la tarde siguiente, el poeta acudió como siempre al lugar del encuentro, sintió horror en su cuerpo cuando se dio cuenta de que a la rosa se le había caído un pétalo y éste se había ennegrecido
– Pero, Rosa ¿qué fue lo que te pasó?- preguntó el poeta
– Nada…- respondió la rosa tristemente – es sólo que… creo que es momento de que dejes de frecuentarme
– Pero ¿por qué?
– El momento más ansiado de una rosa es el florecer, porque podrá brillar con todo su esplendor y belleza, pero es también el momento más temido porque es cuando empezamos a morir
– No… yo no quiero que mueras
– ¿qué no te das cuenta?
– ¿De qué?
– De que yo te hago daño…
– ¿Qué?
– Mírate, herido por mis espinas… me veo y soy tan frágil que necesito de protección, pero no me la puedes dar porque mis espinas te lastimarían… te provoco mucha lástima y compasión y son esos dos horribles sentimientos los que hacen que te lastimes.
   La rosa calló… era verdad… solamente una miserable compasión hacía que el poeta llegara a tal sacrificio… compasión.
   A la tarde siguiente, el joven acudió al jardín, pero no visitó a la rosa. No soportaría verla morir lentamente, no lo soportaría. Así, los días las semanas y todas las demás maneras en las que el hombre a sí mismo se ha encadenado al tiempo, pasaron en ese jardín y el poeta comenzó a tener la necesidad de ver a la rosa, así que soportó su dolor para asomarse al nicho de hiedra, la cual se había secado, las hierbas crecieron en ese lugar, motivo por el cual,  el joven tuvo que romper las hierbas, encontró a una rosa, tan grande y radiante como la que una vez había encontrado, pero esta vez ya no era de color rojo, era de color negro, un color tan negro como debía de ser la noche más oscura… ése color negro no podía ser real, era un oscuro que brillaba como si estuviera recubierto de seda, la rosa parecía tener pétalos de diamante, sin embargo, se encontraba doblada sobre su tallo, que empezaba a estar seco de su raíz
– Poeta- dijo la rosa con aquella hermosa voz angelical – regresaste
– Sí… regresé… regresé por ti
– Has de dejarme morir
– No debo
– ¿sigues queriendo pagar tu deuda?
– No… me he dado cuenta de que todo el sacrificio que hago no es por ti… es para ti
– No te comprendo
– Tenía un enorme vacío en mi corazón, que mientras tu estabas ahí se sentía lleno, pero el no verte junto a mí fue haciéndolo más grande
– El mismo huevo contenido en aquella lágrima tuya que me hizo nacer
– Ahora lo comprendes… aquello que te hizo nacer, fue mi necesidad de…
   El poeta detuvo sus frases, la rosa tosió por la enorme sed que sentía, al ver aquello, el poeta cortó a la rosa y la metió en una esfera de cristal… lleno la esfera de agua y se resguardó en ese nicho seco con la rosa en la esfera de cristal en sus manos. A pesar de que a esfera tenía agua en su interior y la rosa estaba más refrescada era inevitable su destino, y se lo hizo notar la poeta, que llevaba días ya, en ese nicho de hierba seca
– No tiene caso, poeta- dijo la rosa siempre con esa dulce voz – aunque en esta esfera de cristal se retrase mi muerte, algún día moriré
– Lo sé… por eso quiero estar aquí cuando eso pasé
– Sácame de aquí y déjame morir.
   El poeta obedeció, destapó su esfera de cristal y depositó a la rosa negra sobre la hiedra seca y marchita
– Mira- dijo el poeta – te escribí un poema…
– Pero…- dijo la rosa – me habían dicho que ya no habías podido volver a escribir poemas de amor
– Sí, pero este poema lo escribí pensando en ti.
   El poeta leyó cada uno de los versos, no podía haber existido un poema tan bello escrito jamás por ningún poeta conocido, el poeta terminó de leer y se acostó juntó a la rosa, la cual empezó a deshojarse lentamente
– Has escrito el poema con tu sangre- dijo la rosa
– Sí… porque es de sentimientos verdaderos
– Como yo…
– Y algún día morirán
– No, Poeta… yo, al igual que todos poemas, viviremos… dentro de tu corazón… Te Amo.
   La rosa se marchitó en la hiedra seca, sus pétalos se desprendieron y quedaron regados en la hierba marchita, empezaron a derretirse, y a meterse dentro del tallo de la flor recién marchita, el poeta tomó el tallo y usó una espina como punta, para poder utilizar el tallo como una pluma. Los pétalos de la rosa se habían convertido en tinta y su tallo en una pluma para que el poeta pudiera escribir sus poemas de amor ya no con la sangre que se iba al secarse, sino con la tinta del amor y la entrega que permanecen en el papel para siempre.
   Desde aquel día, el poeta iba al desierto, que se convirtió en un hermoso jardín lleno de flores hermosas, para escribir poemas de amor.

   Quiero que sepas mi rosa negra, que todos los poemas de amor que he escrito desde aquel día, dicen todo lo que en su momento no te pude decir… es por eso que, a pesar de que las letras de mis poemas forman una infinidad de palabras, todo se resume en solamente cinco: Te Amo Mi Rosa Negra.

sábado, 12 de mayo de 2012

Metamorfosis

Fue un encuentro tan radiante
algo resplandecía en la blanca avenida
era el amor que en ocasiones me hiere
un descolorido sacrificio de amor.

En ese entonces no me dejaste
que yo tomara una decisión.
Tal vez la razón de que tanto me odies
es que yo nunca te logré entender.

Solamente fue el sentir
la ansiedad que tú siempre tuviste
a pesar de la bondad que tu poseías
yo aún un inexperto era.

Y te lastimé, yo te lastimé
de tu entrecortada voz
el único responsable soy yo.

Y ocúltate, y ocúltate
en el pueblo escóndete
Estoy sin ti perdido
y en mis lágrimas hundido.

Fue un encuentro tan radiante
algo resplandecía en la blanca avenida
era el amor, que en ocasiones me hiere
un descolorido sacrificio de amor.

Perdóname, pero en sueños nada puedo ver
a pesar de que a tu lado estuve.

Puedes percibir, puedes percibir
que a pesar de los demás
que profundamente yo sí lo deseaba.

Y ocúltate, y ocúltate
en el pueblo escóndete.
Estoy sin ti perdido
y en mis lagrimas hundido.

Fue un encuentro tan radiante
algo resplandecía en la blanca avenida
era el amor que en ocasiones me hiere
un descolorido sacrificio de amor.

Las lágrimas hasta su limite has llegado
yo he sido el único que te ha amado
en el momento de la verdad florece una bella flor
déjame, tu sonrisa ver de nuevo.

"Lo único que tu amas hacer: es herirme
pero yo, florezco sin que puedas destruirme "

miércoles, 9 de mayo de 2012

Róbate a la Mujer

Callada ahora me voy a quedar
y cierra suavemente la puerta;
no temas, ésta noche es especial
ven cerca, comiénzame a desnudar.

Róbate a la mujer
que llevo dentro de mí
quiero sentir tu querer
sentirte dentro de mí.

Despacio, acabamos de empezar
tranquila, siento en mí tu respirar,
y deja sobre el pecho tus manos.
Un beso, déjame hacerte el amor.

Me robaré a la mujer
que llevas dentro de ti
te haré sentir mi querer
que me he vuelto loco por ti.

Mi cuerpo siente tu respiración
y agita mi piel ese tenue calor
y besa lentamente mi cuerpo
tocando... todo mi ser es tuyo.

Ahora mencióname tu nombre
con loca pasión me gusta amarte
y sabes comportarte como hombre
descansa y sígueme haciendo el amor.

Róbate a la mujer
que se ha entregado a ti
hazme sentir el placer
que se ha apoderado de mi

Me robaré a la mujer
que escondes dentro de ti
te haré sentir mi querer
que me he vuelto loco por ti.

La ropa ha quedado en el suelo
y tu cara descansa sobre mi hombro
los vidrios empañados por el calor
las horas y la noche en vela pasó.

Róbate a la mujer
que llevo dentro de mí,
quiero sentir tu querer
sentirte dentro de mí.

Me robaré a la mujer
que llevas dentro de ti
te haré sentir mi querer
que me he vuelto por ti.

domingo, 25 de marzo de 2012

¿Quién?

Estando en la oscuridad de una noche sin fin,
alguien dijo mi nombre y corriendo acudí,
y al no encontrar a nadie, regresar, yo decidí
y te escuché, con más fuerza, mi nombre repetir.

Yo volví a levantarme, buscando aquella voz,
que, con tanta insistencia, mi nombre pronunció
y me encontré en la oscuridad, totalmente solo,
pero yo me sentía pleno, por aquel que me llamó.

¿Quién es? ¿Quién es?
Que en la soledad gritaste mi nombre
¿Quién es?¿Quién es?
Que me llamas en la oscuridad de la noche

¿Quién es?¿Quién es?
Que mi débil corazón partiste en dos
¿Quién es?¿Quién es?
Que me levantó y triste no me dejó

Eres tu, Señor,
solamente tu, Señor,
habla ahora que tu siervo te escuchó.

Queriendo encontrar al dueño de aquella imponente voz
problema tras problema mi vida presentó;
me había equivocado buscando ese amor,
que sentí en mi cuerpo cuando escuche tu voz.

Mi corazón se me había vuelto tantos pedazos,
pero alguien me dijo quien te llama es el Señor.
Subí a una montaña, lo llamé y me respondió
de nuevo bajé al valle y ahí también estaba Dios

¿Quién fue?¿Quién fue?
Que su joven corazón se enamoró
¿Quién fue?¿Quién fue?
Que a pesar de que te buscó no te encontró

¿Quién fue?¿ Quién fue?
Que te dijo habla te escucha tu siervo
¿Quién fue?¿Quién fue?
Que decidiendo dejar todo te siguió.

Ése he sido yo,
solamente he sido yo, Señor,
habla ahora que tu siervo te escuchó.

Siguiendo tu llamado vi enfrente tantos retos
y al no sentirme fuerte comencé a tener miedo,
más Tú aumentas mis virtudes y curas mis defectos
y aunque tenga mis tropiezos llegará el día perfecto...


¿Quién fue?¿Quién fue?
Que su joven corazón se enamoró
¿Quién fue?¿Quién fue?
Que a pesar de que te buscó no te encontró


¿Quién es? ¿Quién es?
Que en la soledad gritaste mi nombre
¿Quién es?¿Quién es?
Que me llamas en la oscuridad de la noche


¿Quién fue?¿ Quién fue?
Que te dijo habla te escucha tu siervo
¿Quién fue?¿Quién fue?
Que decidiendo dejar todo te siguió.


¿Quién es?¿Quién es?
Que mi débil corazón partiste en dos
¿Quién es?¿Quién es?
Que me levantó y triste no me dejó.


Eres tu, Señor,
solamente tu, Señor,
habla ahora que tu siervo te escuchó.


Ése he sido yo,
solamente he sido yo, Señor,
habla ahora que tu siervo te escuchó.

Invento Doloroso de un Corazón Enamorado

Recordando el momento:
la primera vez.
Todo tiene un comienzo
y un desfallecer.

No sabes cuánto te amo,
ni cuanto extrañaré,
el tenerte a mi lado
y poder besarte.

Si me amas déjame ir
Ya no te quiero más ver sufrir
el ama me partiste en dos
y lo nuestro era un invento...

"Vuela, primavera hermosa
que brilló ayer,
mariposa color rosa
revoloteó en mi ser"

¿Cómo es que te has olvidado
de lo que pasó?
Todo afuera los has lanzado
y el tiempo lo atrapó.

Si tú me amas déjame ir
ya no te quiero más ver sufrir
el alma me partiste en dos
junto a mi herido corazón

Te amo y te dejaré ir
con dolor te veré partir
vale más lo que se perdió
tu me partiste el corazón
y ahora únicamente pides perdón

Te irás con mi resignación,
lo nuestro nunca existió...
yo nunca lo quise ver
hasta mismo instante

Y aceptaré con gran dolor
el desenlace de un ficticio amor

Estrofas de Cuatro Versos

Yo quisiera decir

muchísimas cosas,
pero simplemente no puedo,
tengo que callar.

Quisiera escribir,
todo un libro llenar;
pero ya no tengo ideas
que en el papel plasmar.

Aprovecho para decir
lo que empiezo a pensar
y escribirlo aquí, en mi cuaderno,
aunque no va a rimar.

No sé pedir perdón,
ni expresar emoción;
pero no soy duro, ni soy frío,
tengo corazón.

No me importa en verdad
lo que de mí piensas,
no me importa que me digas cosas
que me puedan dañar.

Sólo desesperé,
sin pensarlo actué
y aunque en verdad no quise hacerlo
creo que te lastimé.

No te pido perdón,
ya que no sé hacerlo,
no puedo disculparme de algo
que no era mi intensión.

Haz lo que quieras hacer,
aunque no quieras volver,
para que al mirarte sin que me hables
te pueda entender.

Todo lo que pasó
tanto se pareció
a algo que me pasó hace tiempo
y la herida reabrió,

pon todo a olvidar,
volvamos a empezar
te aseguro que si todo olvidas
yo puedo cambiar.

Ya para terminar
te quiero confesar
que aunque tú me mires muy serio
te quiero en verdad.

Mal Padre

Cuando me preguntan si tengo hijos suelo contestar <<tuve uno>> su madre me lo quitó porque, según ella, yo era un mal padre. Si...