que se hacen llamar a sí mismos artistas
perfeccionan lo que primeramente es un oficio
para vendértelo con inflamado precio
convenciéndote de que es una necesidad.
Esos chacales de mala estirpe
incluso han desarrollado metodologías
pulido falacias
para enseñarte los secretos detrás del arte
para que tú también puedas crear arte
para que consumas el arte...
el arte de ellos.
Cantaleta embustera
que no es más que un sepulcro blanqueado
rosas arrojadas a los cerdos,
higueras que no dan fruto jamás
condenadas a resecarse y morir.
La peor calaña de aquella mala estirpe
es la que migajea limosna en la política
aquellos disque artistas
son como la ramera babilónica
lamiendo los genitales de la bestia.
Como perros conforman círculos
para olisquearse el culo entre ellos;
maquillan de diplomacia
una condescendencia insufrible;
hipocresía surgiendo ilesa
de su enfrentamiento con la mentira.
Peor que buitres
buscan y persiguen muerte y putrefacción
de lo que alguna vez tuvo vida propia
de lo que alguna vez poseyó alma
y devorando carne infecta engordan
como puercos de Táuride, cabríos dionisiacos
simios estúpidos,
como cantaba el poeta:
reptiles al acecho de la presa.
Son ellos mismos
a quienes el poeta bien cantó:
antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
mas que nausea dan tristeza.
No rozaron ni un instante
la belleza
La Belleza
¡La Belleza!
...la belleza...

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