viernes, 2 de mayo de 2014

Fuera de Formato: Esclavo de un Fantasma Podcast

Un saludo muy afectuoso para todos los lectores de La Musa de Fausto. Aquí su amigo y servidor Chema, esperando que no se encuentren atravesando momentos demandantes y de ser el caso, deseándoles el mejor de los desenlaces.
Hace algunos años inicié, aunque nunca terminé de despegar, un proyecto de Podcast en formato Storytelling, llamado "El Octópodo Anárquico" Un programa que transmitiríamos vía YouTube, en donde contaríamos diferentes textos de toda la literatura universal.
Para ello, alcancé a reunirme con un par de jóvenes estudiantes de teatro y actuación, a quienes con mucha pena menciono como Dennis y Ariel, quiénes aceptaron regalarme sus voces y talentos sin remuneración para un proyecto que nunca terminé de asentar.

De entre aquellos clásicos de la literatura universal que narramos, mi compañero Ariel narró el último capítulo de mi cuento "El Arlequín". Adapté el texto a guion radiofónico con indicaciones para la realización técnica y compartiéndolo con Ariel para su trabajo actoral, debo reconocer que el actor terminó haciendo un trabajo excelente.
Fue tanto el gusto por la narración, que quise compartirlo con Lili Hernández, del programa Crónicas en Llamas, con quien tuve una breve participación en varias de sus emisiones. No obstante, al momento de presentar el trabajo audiovisual, éste debía ser presentado por mí. Motivo por el que grabé una segunda versión que es de inferior calidad, tanto actoral como técnica.

Tampoco tengo una muestra que pueda capturar aquí para mostrarles la adaptación que se hizo del texto original a guion radiofónico, pues se habrá traspapelado en alguna eliminación poco sensata de archivo muerto.

A continuación presentó ambos trabajos: el narrado por mi compañero Ariel para El Octópodo Anárquico y el realizado por un servidor para Crónicas en Llamas.

Espero que, a diferencia de mí que me recuerda los proyectos que no pudieron despegar, ustedes logren disfrutar o apreciar el trabajo invertido en ambos proyectos y que nunca me había dado el tiempo de mencionar específicamente.
    Aprovecho mi despedida, para mandar un saludo a mi amigo el talentoso Ariel Balderas y a la maravillosa Dennis Chávez, a quienes les deseo la mejor de las vidas.
    Para mi lector ocasional o crónico, espero que estos trabajos en los que me vi involucrado muestren no sólo una parte de mi inquietud artística pocas veces referenciada en este blog. Sino que te parezcan podcast a la altura de quienes más.






lunes, 28 de abril de 2014

Síndrome de Abstinencia


Un pequeño chasquido, un <<click>> que se distingue perfectamente del resto de los sonidos, después del chasquido un pequeño silbido, esta vez solamente perceptible para quienes se encuentran frente a frente con la cálida flama que surge de la boca rugiente del encendedor.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré>>
   Siento un calor en mi barbilla y en mi frente, oyendo crujir el papel al quemarse y viendo salir humo espeso de la punta de aquella cabecilla roja, una calada, un aroma mareante rellena mi boca como si se tratase de un inmenso trago de agua. Sopórtalo un rato. ¿Ya no puedes contener más la respiración? Bien, déjalo ir, a metro y medio de distancia llega la olorosa humareda mientras cierras los ojos y jalas aire si bien no puro y fresco, sí libre de todo lo que acabas de expulsar. Otra calada, no estás teniendo la sensación que tanto esperabas, una más, las nauseas comienzan con una bella montaña rusa.
   <<Me tienes pensando en ti sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir para librarme de ti.>>
   Todo inicia en tu cabeza, justo a la altura de la frente, un calor inmenso y terrible que te hace sudar,ese calor comienza a distribuirse por todo el cuerpo, al llegar a tu garganta la dilata y la contrae en el movimiento vomitivo, al llegar al estomago parece estrellarse en lo más bajo del vientre, y al llegar a las extremidades te hace tambalear. Sabes que vas a vomitar, pero no lo dejas, decides tomar el riesgo y arruinar así el resto de la tarde.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré>>
   Dejas caer la cabeza hacia atrás, permitiendo que el peso y la gravedad jueguen libremente con esa parte de tu cuerpo. Cierras los ojos y expulsas aire, el mareo es inmenso, si fueras en un automóvil te bajarías inmediatamente. Pero no, están sentado en la banca del parque, la gente que pasa voltea a verte y hay quienes incluso se alejan sin voltearte a ver... Es suficiente (¿de verdad?) dejas caer la colilla y la pisas, dejando que muera ese pequeño placer equívoco debajo de tus pies.
   <<Me tienes pensando en ti sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir para librarme de ti.>> 
 Tres semanas sin haber probado uno, tres semanas de soportar con la boca reseca y el pulso tembloroso, mientras el deseo y el impulso de satisfacerlo consumían segundo a segundo cada una de las fibras de tu ser, cada imagen de tus pensamientos y cada resistencia de tu resquebrajada voluntad. Durante ese tiempo perdiste peso y también un poco de tu cordura, pareciera que todos mienten al decirte que es lo mejor. No puede ser lo mejor si te destruye de a tanto.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré>>
   Te mata el tenerlo, te mata el dejarlo, es mejor tenerlo lentamente para que te destruya lentamente mientras en ese falso placer te refugias, o es mejor dejarlo del todo para que de ese lento suplicio surja de nuevo la luz y la tranquilidad. Pero intentar dejarlo para fracasar en el intento y cometer el terrible error de retomarlo genera una muerte, poco placentera que te hace odiar la negación y te hacer odiar el sucumbir al placer, no es un punto medio estable, sino una bifurcación que genera una confusión y dolor extremos.
    <<Me tienes pensando en ti sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir para librarme de ti.>>
   Tomándola de la mano, mientras ella volteaba a verme sorprendida y se sorprendía todavía un poco más al robarle yo un beso en la mejilla, esa mejilla suave, tersa y blanca, que se hundía lentamente bajo la presión provocada por mis labios. Un pequeño chasquido, un <<click>> que se distingue perfectamente del resto de los sonidos, después del chasquido un pequeño silencio solamente perceptible para quienes se encuentran frente a frente con la cálida flama que surge de la boca de quienes deciden juntar sus flamas para disfrutar de aquél perenne placer.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré>>
   Siento un calor en mi barbilla y en mi frente, oyendo en sonido de los labios al unirse y percibiendo el dulce perfume que brota del corazón de ella, una  inhalación profunda, un aroma deleitante seduce mis sentidos como si se tratase de un dulce veneno. Sopórtalo un rato. ¿Ya no puedes contener más la respiración? Bien, me aparto lentamente de ella y la tomo de las manos, ella estira sus brazos hacia enfrente sin soltarme de la mano y sin dejarme de mirarme a los ojos, a metro y medio de distancia llega la deliciosa fragancia de su piel, mientras cierro los ojos y jalo aire puro y fresco pero libre de aquel delicioso aroma a ella. Otra inhalación profunda, no estás percibiendo el aroma que tanto esperabas, una vez más y te das cuenta de que es otro día, después de aquél otro. Tus manos no sostienen las de nadie, nadie te mira a los ojos y mueres un poco.
    <<Me tienes pensando en ti sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir para librarme de ti.>>
   Todo inicia en tu cabeza, justo a la altura de la frente, un frío inmenso y terrible que te hace temblar,ese frío que se comienza a distribuir por todo el cuerpo, al llegar a tu garganta la dilata y la contrae apretando un poderoso nudo, al llegar al estomago parece estrellarse en lo más bajo del vientre, y al llegar a las extremidades te hace tambalear. Sabes que vas a llorar, pero no lo dejas, decides tomar el riesgo de recordarle de nuevo y arruinar así el resto de la tarde.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré>>
   Tres semanas sin haber sabido de ella, tres semanas de soportar con el corazón reseca y conciencia intranquila, mientras el deseo y el impulso de satisfacerlo consumían segundo a segundo cada una de las fibras de tu ser, cada imagen de tus pensamientos y cada resistencia de tu resquebrajada voluntad. Durante ese tiempo perdiste peso y también un poco de tu cordura, pareciera que todos mienten al decirte que es lo mejor. No puede ser lo mejor si te destruye de a tanto.
    <<Me tienes pensando en ti sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir para librarme de ti.>>
   Te mata el tenerla, te mata el dejarla... es mejor tenerla lentamente para que te destruya lentamente mientras en ese falso placer te refugias, o es mejor dejarla en el olvido del todo para que de ese lento suplicio surja de nuevo la luz y la tranquilidad. Pero intentar dejarla para fracasar en el intento y cometer el terrible error de recordarla genera una muerte poco placentera que te hace odiar la negación y te hacer odiar el sucumbir al placer, no es un punto medio estable, sino una bifurcación que genera una confusión y dolor extremos.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré>> 
   Tomándolo entre los dedos, recordando como ella volteaba a verme sorprendida y se sorprendía todavía un poco más al robarle yo un beso en la mejilla, esa mejilla suave, tersa y blanca, que se hundía lentamente bajo la presión provocada por mis labios, la misma presión que aplasta colilla y hace venir el humo hacia mi gargante. Un pequeño chasquido, un <<click>> que se distingue perfectamente del resto de los sonidos, después del chasquido un pequeño silencio solamente perceptible para quienes se encuentran frente a frente con la cálida flama que surge de la boca de quienes deciden juntar sus flamas para disfrutar de aquél perenne placer.
    <<Me tienes pensando en ti sufriendo; ven, dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir para librarme de ti.>>
   Al final... todo termina matandome de a poco, mientras yo intento hacer que muerda debajo de mis pies, al pisarlo y destrozarlo, puedo terminarlo por el momento, pero siempre después de que me haya hecho su lento daño.
   <<Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y, con gusto, moriré. Me tienes pensando en ti y sufriendo; ven dame tu veneno, inyéctalo en mi piel y déjame morir, para librarme de ti.>>

lunes, 23 de diciembre de 2013

Ella Domina.

No me importa cuánto dolor sea capaz de hacerme sentir, no importa que ese inmenso y terrible dolor atraviese con toda la intensidad de una corriente eléctrica cada una de las fibras de mi ser. Soy un ser muerto en un mundo vivo, soy la sombra que se proyecta sobre el suelo cuando tus destellos oscurecen el radiante brillar del sol.
   Me he convertido en la sombra que proyectas cuando te atreves a brillar con tu hermoso resplandor y de esa manera darme vida, proyectándome como la sombra que en el suelo se arrastra y en la pared se plasma para obedecer todos y cada uno de tus caprichosos movimientos, por mi  propia voluntad, sino en un sometimiento total y sumiso a la voluntad tuya.
   No importa que jamás me voltees a mirar, no importa que ignores mi existencia, o que al tenerla siempre presente te haya hecho acostumbrarte a ella, yo siempre estaré al pendiente de ti, moviéndome detrás de ti sin que te des cuenta y caminando enfrente de ti aunque no me notes.
   Ella domina, con el dolor que en mi cuerpo provoca y me deja paralizado me hace sentir que estoy vivo, vivo para sentir sus manos aunque sea lastimándome, vivo para sentir su boca aunque sea mordiéndome, vivo para ver su mirada aunque sea hiriéndome, vivo para oír sus palabras aunque sean insultándome.
   Ella domina, no importa que me azoté fuertemente con el doloroso látigo de su indiferencia que sacude todos mis sentidos, no importa que me entierre en el cuerpo las agujas de la desesperanza cada vez que la volteó a ver sin que ella note siquiera que estoy mirándola. No me importa que sufra hasta los niveles más inhumanos del dolor, mientras sea ella quien me provoca ese escarmiento que sobrepasa los limites de la carne para adentrarse con violencia en los terrenos del alma.
   Ella domina, entierra sus uñas en mi pecho, agujera mi piel, desgarra mi carne y atraviesa mi cuerpo, con sus manos aprieta mi corazón y con furia lo arranca de mi pecho, la sangre se derrama por mis costillas formando lentamente un charco alrededor de mí, mientras ella arroja mi corazón contra la pared y se estrella en una plasta carmesí que poco a poco se va resbalando hacia el cielo, embarrándolo todo de sangre dejando un rojo camino al suelo.
   Con sus dedos me saca los ojos que han sido capaz de admirar su belleza, hunde lentamente las yemas de sus dedos en las cuencas de mis ojos, veo oscuridad, siento dolor y no me importa porque es ella quien me lo causa, comienzo a ver todo de un color rojo y siento un liquido caliente recorriendo mis mejillas y mis sienes, esos ríos de sangre que tapan mis oídos al punto de no ser capaz de escuchar mis propios gritos suplicando por más.
   Por fin, me muerde los labios y siento sus dientes apretándose contra mi frágil carne labial y traspasarla junto con una nueva ola de liquido tibio y de sabor ferroso emanando con fuerza, una potente descarga eléctrica se genera en la punta de mis dedos y viaja directamente hasta la zona de mi labio inferior, cuando de un fuerte tirón hacia atrás ella me lo arranca y lo escupe como su fuera un pedazo de tela, siento mi labio caer en mi pecho y palpitar un poco antes de que empiece a enfriarse.
   Ella domina, y le agradezco que me haya quitado los ojos, el oído y los labios, para no poder volver a sentir a otra mujer, ése es mi deseo.
 

 

 

Luna de Cristal

Brilla, blanca por el cielo en que naciste, siempre te veré más bella, siempre me hallarás más triste.
Juan de Dios Peza

Mi vida, oscurecida desde adentro debido a la pérdida de mi hermosa estrella, oculta en la distancia, a cobrado un nuevo tono oscuro y confuso.
   Que puedo tener como inspiración si aquella que brillaba en mis noches de  soledad ya no está, su luz ya no resplandece en las noches más oscuras y por lo tanto, yo no puedo convertirme en la sombra que se proyecta en el suelo y que sobre éste se arrastra.
   Qué castigo tan intenso sufre mi herido corazón, mi estrella se ha apagado, se ha ido tan lejos para alumbrar a alguien más y espero que aquella persona a la que alcance su resplandor, sepa venerar con el debido respeto la potente luz de la estrella de mi princesa.
   Hay una luz más grande, más potente y sin embargo, no apunta hacía mí, sino hacia todos lados, casi de la misma manera en que lo hace el hiriente sol, su brillo opaca las demás estrellas que a su lado se encuentran y alumbra los rincones más oscuros de los corazones solitarios.
   Seguramente el brillo de mi estrella se vería reducido a nada junto al resplandor intenso y blanco de la luna de cristal que alumbra como un enorme faro en el oscuro telón del cielo.
   Esa luz es hermosa, bella, digna de admirar, lamentablemente, se trata de la luna y no de cualquier luna, de una luna de cristal, tan frágil como su mismo brillo. Una luna que no todas las noches alumbra el cielo, una luna que a veces nos muestra un lado oscuro y que a veces parece ser más grande y en otras ocasiones, se encuentra ausente, deleitando a alguien más.
   No es como mi estrella que deleitaba a toda la creación y engalanaba el cielo entero, mi estrella visible desde cualquier punto de la tierra. Se diferencian también, en que la luz de esa luna de cristal ilumina a tantos y a nadie, la luz de mi estrella, iluminaba a todos pero sólo a mi me miraba.
   Mi estrella se encuentra tan lejos, y la luna de cristal tan cerca, tan cerca que la puedo tener, pero ausente en las noches más oscuras cuando necesito de su luz, por eso no puedo amar a la luna, porque aunque lejos, mi estrella está ahí, y la luna, tan cerca, se pasa las noches de amor ausente.
 

 

martes, 9 de julio de 2013

Hime Krasivy (Narración)

¿Quién es la inspiración de mis poemas? ¿Quién es la que enciende con su bella y roja flama mi delirio amoroso para escribir empedernidamente? ¿Quién hace que mis palabras se vuelvan cursis y metódicas solamente para exagerar al punto de lo inentendible toda su belleza? ¿Quién hace que yo tema dormir por el simple hecho de que tengo miedo de no soñar con ella? 
    Es simple, simple y repetitivo como jamás lo serán las historias verdaderas de Amor. Una Princesa, que con su gran belleza logra deslumbrar a este pobre plebeyo, uno de los muchos que se postran con mirada espabilada a las orillas del sendero que recorre solamente para que un rayo de la luz brillante que irradia toque nuestros ojos embelesándolos y así caliente nuestros rostros.
    Ella es la princesa Hime Krasivy, una noble dama de pureza sin igual; sus ojos son el más hermoso poema de amor que jamás se haya escrito, una tierna poesía inspirada únicamente en su rostro y escrita de una manera tan dulce como su voz, la compostura de aquellos versos son resguardados por sus labios y sostenidos para siempre en el negro misterioso y profundo de sus cabellos.
   Sus rojos, tiernos y dulces labios están encantados, con una sustancia que nadie puede distinguir entre la medicina o el veneno, el hombre que haya tenido la dicha o la desgracia de besarles, seguramente se encontrará vagando todavía en el infinito de esa pasión de la cual son poseedores. Aquellos labios deliciosos, encantados, son la única e inescrutable  compuerta a una hermosa galaxia, cuyas estrellas son las brillantes perlas de sus dientes, que por verlas los hombres mueren y las demás mujeres se enrabietan.
   No obstante, rostro refleja tristeza, una tristeza desconocida, causada seguramente por un acto tan infame como para querer atentar contra la belleza de aquella criatura; sin embargo, ni la tristeza, ni los años podrán cubrir con su horroroso y denso polvo la belleza natural que siempre existirá en ese rostro tan perfecto, como perfecto solamente podría ser el mismo Dios.
   Ella es la Princesa... como la conocen todos, como la conozco yo... la Princesa Krasivy, cuya piel deseo tocar sin importar que mis manos se corten y mi piel se agriete con la dulce finura de la seda de su piel, creo que ni siquiera la seda es tan suave como la piel de la Princesa; no existe ningún tejido, por esmerado que se fabrique, que pueda siquiera intentar la gran osadía de superar la perfección de Hime Krasivy. 
   Cae la noche, como caen sus cabellos negros, pero hasta la inmensa y profunda oscuridad nocturna se somete al negro de sus cabellos, que al descender someten toda clase de tiniebla y nos brindan una oscuridad acogedora. Yo quiero perderme en esa oscuridad y quedarme dormido en el inmenso sueño de su perfume, esperando a la muerte, que es la única capaz de arrancarme del inmenso idilio al que la fantasía de donde ha nacido la Princesa me ha sometido.
   ¿Existe acaso una belleza tan grande como la de Hime Krasivy? Quizá sólo en el paraíso, cuya prueba de su existencia es la Princesa Krasivy, seguramente es la criatura cuya ausencia ha dejado en tinieblas al mismo Luzbel. 
   ¿Qué merito tenemos los mortales para disfrutar de una obra de arte como Ella? Seguramente se trata de una de las rosas que la Virgen plantó en la tierra y que ha crecido tan hermosa como la divinidad misma. La obra misma del amor, la mujer perfecta de los poetas, la figura sin falla de los escultores,  la musa inspiradora de los pintores, la inspiración misma de los escritores, cada musa de cada uno de los artistas consumada en una creación sin igual. Después de la Princesa, no habrá artista ni creación que valga la pena admirar.
   ¿Qué mérito tengo yo que me atrevo a enamorarme de ella? ¿Para intentar plasmar su belleza en medio de estas letras muertas? No lo sé... tal vez se deba a que toda mi cordura y razón se han ido con ese destello de luz que ella una vez dejo caer sobre mí. Así es, soy dichoso entre todos los mortales, porque durante una brevedad, pude amarla y tener su amor infinitamente esplendoroso.
   Sin embargo, me di cuenta de que su corazón era tan valioso, que intentar poseerlo se trataba de un pecado inexpugnable. 
   Por eso, la bella Princesa se ha ido al cielo, a 42, 274, 352 años luz de la tierra, una distancia que esconde perfectamente su identidad. Porque solamente el cosmos es tan infinito como para salvaguardar de manera integra tanta belleza y perfección.
   Ahora es solamente una estrella más entre todas las que iluminan las románticas noches de los enamorados y las solitarias noches de los artistas. Ella se elevó para siempre en un lugar donde jamás la podré alcanzar, donde estará segura, donde mis manos no podrán profanar su cuerpo, ni mis besos enturbiar aquella boca, donde mis letras no podrán expresar las terribles herejías de intentar describir su belleza. Donde mi amor no podrá alcanzarla.
   Ella brilla, solitaria, pero siempre hermosa, y brillará por toda la eternidad... puedo escuchar las notas musicales de su voz y la dulce melodía de sus palabras que me envuelven cada noche en una canción de amor. La veo brillar todas las noches, la Princesa Hime Krasivy, poseedora de una gran belleza y de un infinito amor; los cuales tuve la osadía de querer poseer. Ella se ha ido al cielo nocturno, de donde yo pienso que jamás debió bajar, y ha vuelto a dejar a todos los mortales inmersos en la soledad.
   Desde ese cielo oscuro y frío que se ilumina y se calienta con su presencia, suelo imaginarme noche tras noche que me grita: TE AMO.



Mal Padre

Cuando me preguntan si tengo hijos suelo contestar <<tuve uno>> su madre me lo quitó porque, según ella, yo era un mal padre. Si...