domingo, 3 de mayo de 2020

Un Pútrido Demonio. Parte I: Renacimiento

Era una comunidad pequeña, muy cercana al centro del ya desparecido municipio de Blas Hernández. Un pequeño grupo de emprendedores y funcionarios públicos juntaron sus ahorros para comprar el amplio terreno que ahora constituía el fraccionamiento Fontanares: un extenso espacio de varias yardas con casas de espaciosos patios y grandes jardines traseros, cómodas habitaciones y ninguna de aquellas pintorescas residencias tenía menos de dos pisos; casas de ricos al fin, separadas varios metros las unas de las otras.
   Del lado poniente de Fontanares corría un apestoso manantial de aguas negras. Su caudal fue en otro tiempo un río fuerte y calmo, por el que se veían nadar algunas truchas y mojarras en los días finales de primavera, teniendo su auge en los días más calurosos del verano. Naturalmente que dicho río fue la segunda víctima de la erección del fraccionamiento luego de los árboles; cuando éstos fueron talados o removidos para aplanar el terreno, el pobre río fue asaeteado impíamente por el sol y sangró resequedad en varios puntos, además, algunos vecinos conectaron directamente sus drenajes al río debido a que el presupuesto no alcanzó para un correcto sistema de alcantarillado. Así, la vena del caudal se pudrió, la disminución de las aguas obligó a los montones de mierda expulsada por los vecinos a quedarse atascada en el fondo del raquítico manantial, cuyas cada vez más escasas aguas fueron incapaces de arrastrar toda esa inmundicia, disminuyendo así la rapidez del cauce, el agua se estancó y los peces murieron llenando de moscas el caudal y por fin, se convirtió en el pútrido y apestoso manantial que penosamente corría a espaldas de las casas que de vez en cuando seguían empachándolo de soretes y demás venenos inmundos.
   Al otro lado del manantial se encontraba la Colonia, un barrio obrero poblado de casitas grises construidas apretadamente entre los cerros. Se conectaba con el fraccionamiento a través de un penoso puentecillo de cemento que atravesaba el manantial a escasos metros de las turbias y pestilentes aguas negras, sobra mencionar que los habitantes de Fontanares nunca utilizaban dicho puente, que era atravesado sólo en las horas oscuras de la madrugada y de la noche por los y las personas de la Colonia que se dirigían a sus trabajos, ellos agradecían la construcción del fraccionamiento pues gracias a éste un pedazo de cerro se convirtió en la escalera que daba al puente y sólo bastaba cruzar un pedacito de fraccionamiento para llegar a una parada de camiones que los ricos acondicionaron. Los dueños del fraccionamiento, en cambio, lamentaban la decisión, pues detestaban tener que mezclarse con aquella gentuza de comportamiento hostil y desagradable.
   Para los ricos, los habitantes de la Colonia parecían animales, pues sólo andaban en las horas sin luz, sus esposas, las que no trabajaban, pasaban el día entero encerradas en sus casas o al menos eso decían porque, como ya se mencionó, nadie del fraccionamiento iba jamás a la Colonia.
   Nadie salvo algunos niños quienes en la travesura de desobedecer a sus padres cruzaban el puente y se adentraban en las calles cercanas. Los más sensatos contaban a sus amigos que había una subida bastante pronunciada coronada de su lado izquierdo por una papelería, perpendicular a la calle de la cuesta, una avenida antigua con una tiendita y más nadie había visto. Otros chicos narraban pavorosas experiencias, algunas simplemente transmitidas de grandes a chicos, que se habían vuelto bastante populares nutriéndose en detalles gracias al boca a boca.
   Una de las tantas habladas refería que los habitantes de la colonia tenían la piel más oscura de lo normal y que, al hablar con extraños, sus acentos eran golpeados y agresivos y de igual modo sus actitudes para con los desconocidos eran hostiles, como bien afirmaba un grupo de chicos que fueron perseguidos por un habitante de la colonia que los vio mientras daban una vuelta en bicicleta. 
   Otra de la historias hablaba acerca de una obrera que pasaba por el puente a medianoche, cuando fue interceptada por otro habitante de la Colonia quien la forzó a concebir un hijo con él, reteniéndola en su casa y alimentándola con sus excrementos y su orina hasta que por fin dio a luz a un niño. Una noche nauseabunda, pues el calor del verano secó el manantial provocando que inmundos vapores emanaran de éste, la mujer logró escapar de la casa de su raptor completamente vestida de negro con el niño de tres años dormido entre sus brazos. La desdichada caminó sigilosamente por las odiosas tinieblas hasta llegar al puente y ahí, falta del coraje suficiente para cometer sus ignominiosas intensiones, echó una última y lastimera mirada sobre aquel engendro abyecto fruto de la desgracia y la maldad lo cual le dio el valor suficiente a sus brazos para abrirse, dejando caer a la inocente criatura a las aguas del manantial. Después de esa pútrida noche nunca más se volvió a saber nada de aquella mujer.
   Esta fantasía infantil fue alimentada por el relato de don Agustín, el velador del fraccionamiento, el cual refería que una noche, en la que el manantial hedía más de lo normal, vio a lo lejos a una mujer, completamente vestida de negro, salir corriendo del lúgubre callejón que daba al puente. Don Agustín no solía acercarse ni a cien metros del callejón aquel pero, temiendo que la mujer huyera de alguien, desenfundó su viejo pero bien mantenido revolver y la linterna; era imposible que la mujer le hubiera visto y aún de haberlo hecho no se detuvo y decidió continuar con su frenético escape. El velador se acercó lentamente y se adentro en la profundidad del callejón que en aquellos días no contaba aún con ningún tipo de alumbrado, iluminado apenas por la linterna y ya envuelto por entero en aquella hedionda oscuridad, Don Agustín comenzó a descender las escaleras muy lentamente mientras su pecho se oprimía por una, despreciable sensación de macabra incertidumbre que aceleraba incontrolablemente el fluir de su sangre obligando a su corazón a golpetear de manera salvaje en lugar de latir sorprendiendo al duro hombre cuando se dio cuenta de que debía poner especial empeño en mantener su linterna quieta y que le faltaban manos para secar las gotas de sudor que se agolpaban en su rostro. Una vez en el puente, una leve pero constante llovizna se desató iluminando por momentos la casi total oscuridad con algunos relámpagos ausentes de truenos.
   Sin poder entender la atmósfera de horror que brotaba de aquellas pútridas aguas, don Agustín se paró justo a la mitad del puente, pues temía acercarse más a la colonia, no había ni una sola alma en ese lugar; de repente, su corazón se detuvo un instante para seguir latiendo ahora con más violencia, mientras su mirada perdía toda ubicación debido a la contracción repentina de sus músculos fruto del salto que pegó cuando escuchó llorar a un bebé, el llanto parecía venir del manantial, así que mandó el haz de su linterna hacia las aguas, sin poder ver nada. El llanto continuó un rato, sin duda provenían de debajo del puente, donde la leve luz de la linterna no podía iluminar y sin duda se trataba del llanto de un bebé, pero con la llovizna el nivel de las aguas comenzó a subir y el llanto se convirtió muy lentamente en un burbujeo y, después, en silencio. El velador avisó al señor Zambrano, uno de los habitantes más antiguos del fraccionamiento, quien llamó a la policía, no tardaron mucho, sin embargo, no encontraron ningún niño.
   Conociendo a los adultos, cuyo recelo hacia los habitantes de la Colonia no impedía las expediciones clandestinas de sus hijos ni sus largas estancias en el puente, era probable que hayan inventado todas aquellas historias, que contrariamente no hicieron más que alimentar el morbo de los niños y estimularon aún más sus viajes a la Colonia.

En la residencia de los Zambrano, una de las primeras familias en alojarse en Fontanares y una de las más respetadas, se tenía una idea bastante diferente de la gente de la Colonia. Comprendían que la falta de oportunidades propias de la clase media baja generaba estrés en sus habitantes, que la razón de salir tan temprano de sus casas y volver tan de noche no era otra más que largas jornadas de trabajo y lo lejano de las fábricas a las que iban todos los días a laborar. Eso sí, el propio señor Zambrano sabía que otro problema de un barrio de esa clase social era la inseguridad y más miedo le tenía a los pandilleros, robachicos y asaltantes que pudieran poner en peligro a los chiquillos que se aventurasen solos o acompañados por la Colonia que a cualquier monstruo o criatura producto de la ficción.
   Zambrano hacía su esfuerzo por parar la diseminación de aquellas historias ridículas que solamente incitaban a los niños y jóvenes a cruzar el puente para comprobar la veracidad de las mismas, por lo que no dudó en reprender no una sino varias veces a Don Agustín por contarle su anécdota del niño arrojado del puente a los chiquillos
-  No es ningún cuento, señor- afirmaba el velador.
- Acuérdese que esa misma noche bajaron muchos oficiales y no se encontró a ningún niño- le reprendía el señor Zambrano - ni aquí ni a varios kilómetros río abajo.
- Porque el agua del manantial subió mucho por la llovizna, aquí no fue mucho, pero más arriba en Cahuacán hubo chubasco y de ahí viene el agua que alimenta al manantial
- No me mareé más, ya no le cuente eso a los niños.
   Terminaba siempre así aquella conversación, no obstante, siempre había un niño o niña contando por ahí la historia que le contó el velador. Además, recientemente, Don Agustín había escuchado ruido en el manantial a diferentes horas del día y de la noche, advirtiéndole a los jóvenes que no se quedaran mucho tiempo ahí y que, más importante aún, no bajasen por ningún motivo.
   Uno de aquellos niños era el propio Erick, hijo del señor Zambrano, quien se había obsesionado con las historias del velador y en especial con aquella que contaba sobre el bebé arrojado a las aguas negras. Aquella noche pútrida, Erick había escuchado desde su habitación, cuya ventana daba al puente, los llantos desgarradores de un bebé y vio al velador intentar vislumbrar algo con su linterna infructuosamente. Habían pasado ocho años desde aquella noche, pero el muchacho todavía solía trepar por el enorme y frondoso árbol de aguacate en su patio trasero para pasar largas horas observando el manantial en busca del bebé arrojado que tendría entonces diez años - de ser ciertos los relatos - apenas un año menor que el cada vez más introvertido Erick Zambrano.
   Sentado en una robusta rama, Erick veía la vida suceder, le gustaba ver trabajar a Silvestre, un jardinero que solía laborar tanto en la Colonia como en Fontanares, la gente le tenía bastante confianza, tanta que acostumbraban no echar cerrojo a las puertas y dejar que Silvestre trabajara largas jornadas en los jardines traseros, fue Silvestre, de hecho, quien plantó el robusto árbol de aguacate cuando el padre de Erick recién compró el terreno para su casa- No obstante, aquel moreno y gordo jardinero no hablaba con nadie, parte de su celo profesional, pues era mejor mantener una relación distante con sus clientes para no despertar suspicacias de ningún tipo entre los vecinos
   Silvestre era alto y robusto, media casi dos metros de altura y poseía una prominente barriga además de una espesa barba de leñador que era el único tipo de vello en su cabeza, pues era calvo completamente y sus cejas y pestañas eran muy delgadas; su piel era morena y estaba requemada y curtida por el sol, por lo que su aspecto resultaba bastante imponente e intimidante, además en sus ojos se reconocía que había visto mundo y sólo Dios sabía cuánto. No obstante su hosco aspecto, hacía su trabajo con total delicadeza: los arrayanes quedaban bien parejitos y floreaban y daban fruto espléndidamente cada temporada; el césped quedaba con la altura y el volumen ideales sin marchitarse; los árboles cobraban vida nueva cuando los podaba y, añadido a todo esto, cobraba barato por sus servicios y poseía conocimientos de albañilería, plomería y carpintería. La única persona en el fraccionamiento que no terminaba de confiar en él era el propio Don Agustín, quien sacando un poco de charla con el jardinero supo que éste vivía y había nacido en la Colonia, motivo que lo mantenía vigilando las dos cuadras aledañas a la casa en que trabajaba Silvestre.

A Erick le gustaba ver trabajar a Silvestre pues permanecía siempre en silencio, ensimismado en su labor y sin percatarse del pequeño espía de los árboles, pues la rama en que el muchacho se encaramaba estaba rodeado de ramas más delgadas y bastante frondosas que le ocultaban efectivamente. Una tarde en la que Erick veía al jardinero regar con un aspersorio de mano las flores de un bello durazno, cuando escuchó un ruido provenir del manantial. Dicho ruido era la inquieta armonía de un forcejeo compuesta por el aletear desesperado y el cacareo aterrado de un gallo sometido por un chico de unos diez años que mantenía sus rodillas encima de las patas del animal, con la mano izquierda mantenía las alas de la robusta ave hacia atrás y con la derecha sujetaba la cabeza del gallo para evitar ser picoteado; el niño mordió entonces a su presa justo en la parte más ancha de la pechuga, provocando que borbotones de sangre salieran despedidos por todos lados y miles de pequeñas gotitas carmesí salpicaron su rostro; con una sacudida violenta, el infante desprendió un gran trozo de carne y el ave lanzó un último grito de desesperado horror y muerte, convulsionándose bruscamente mientras era testigo de cómo su captor mascaba el trozo arrancado para engullirlo con todo y plumas. 
   Incapaz de realizar movimiento alguno, víctima del horror, Erick simplemente se aferró a la robusta rama con las sudorosas manos, esperando que las hojas evitaran que fuese descubierto, quiso voltear hacia otro lado para hacer de cuenta que nada vio, pero fue tarde, el niño o demonio aquél que devoraba un gallo vivo en el manantial ya lo estaba mirando fijamente de manera inexpresiva. El extraño y odioso ente se puso de pie y le sonrió a Erick, estaba completamente desnudo, en sus axilas y rodillas existían grotescas costras de mugre que se mantenían húmedas en los pliegues, unas manchas asquerosas daban a su cuerpo entero un ignominioso aspecto, su largo cabello asemejaba a un arbusto enmarañado y endurecido de a saber cuánta inmundicia; mantenía el ojo derecho cerrado y su miembro comenzó a erectarse. El niño o demonio tomó a su presa del suelo y, sin dejar de sonreír ni de mirar a Erick, lo sumergió largo rato en las pútridas aguas del manantial, sacándolo de ahí, lo llevó inmediatamente a su boca y lo sostuvo con los dientes. Una vez libres sus manos infectas usó los dedos de éstas para levantar su párpado muerto, mostrando un ojo podrido casi enteramente negro pues pústulas de pus y algunas llagas agregaban matices blancos y sanguinolentos. Tras aquellos eternos instantes, el horroroso ente se adentró en las aguas del manantial y caminó cuesta abajo llegando a una zona donde el nivel del agua alcanzaba sus muslos y se sumergió por entero ahí. Las ondas en el agua provocadas por el buceo de aquel demonio le indicaron a Erick que el chico se quedó oculto debajo del puente, por el cual pasó una señora unos instantes después.

sábado, 21 de marzo de 2020

Una noche sin Aplausos

Estoy buscando, de esta noche, los aplausos
y cubrirme de esta brisa que es tan fría
sino lates dentro de mi pecho
si eres sólo un vacío en mis cobijas.

Suena hoy, música, trayéndome rescate
espanta la tristeza y al dolor;
suena ahora, música, no más tarde,
visítame esta noche, ven a mí ángel de amor.

Si sentirme yo en tus brazos hoy pudiera
y vivirte en un instante más que eterno,
correría para siempre prisionero
siervo y amo del calor que me condena;

dejaría de esta noche los aplausos
y bañaríame todo en brisa fría
latirías, por siempre, dentro de mi pecho
no serías un vacío en mis cobijas.

 


 

martes, 7 de enero de 2020

Esa Prenda Tuya


Esa prenda tuya que aún conservo
y, cual si fuera mía, bien resguardo
alejada, protegida del recuerdo,
escondida entre los valores de mi cuarto.

La tomé con un permiso no pedido
a la par que fabricaban mis caricias
surcos en tu pétalo encendido;
la tomé sin ser ladrón ni asesino.

Hoy es mi tristeza su recuerdo
que vaga cual fantasma por mis libros,
entre los valores de mi cuarto escondido;
tomada con un permiso no pedido,
esa prenda tuya que aún conservo. 





lunes, 25 de noviembre de 2019

Antes de que nos Olviden III - Capítulo Final


Aún no se le notaba la pancita, aunque las piernas, mejillas, pompas y senos ya habían aumentado de tamaño volviéndola mucho más sexy para él, quien en un intento desesperado por consentir a la mujer que amaba decidió invitarla a salir. Tenía miedo de que se llegara a desmayar o a descompensar cuando el embarazo estuviera mucho más avanzado, así que tomó su apenas decente quincena y después de ver sus zapatos se atrevió a pensar
    “Todavía aguantan otro mes”
por tercer mes consecutivo. Quedó con ella, para sorpresa de él, fue muy fácil ponerse de acuerdo… era algo que últimamente no pasaba mucho.

No era raro que llegara tarde, en sus dos cumpleaños anteriores lo había hecho y eso lo había entristecido mucho pues resultó ser algo que en verdad lo hirió, al menos en su momento y el no tener el valor para decirlo fue lo que en verdad le hizo daño. Era un círculo vicioso y ellos, al parecer, ya eran expertos en crearlos... lo quería de verdad, pero ahora mismo y desde hacía mucho tiempo atrás, su cabeza era una tormenta de dolores, pesares y confusiones
    “Cómo siempre ya se me hizo tarde” 
se dijo Alice dando vueltas por su habitación… luego se pone bien triste y luego se le pasa, era el único consuelo que le quedaba, aunque en el fondo sabía que la quería y era bueno sentirse querida por el hombre al que quieres y salió. Había planchado su cabello y tomado su ropa no tan desgastada, pues hacía ya más de un año que no podía comprar nueva, se había mirado en su espejo de cuerpo entero y se gustó, se sintió hermosa, había notado también que su vientre aún no abultaba la nueva vida que aguardada y le gustaron los primeros cambios en su figura, era hermosa. Ahora tomaba la combi a las 4:45 para un viaje de cuarenta minutos cuando la cita era a las 5:00… Además, Ian últimamente había vuelto a ser puntual, de seguro él ya estaba a punto de llegar si es que no lo había hecho ya… Para chingadas madres el tráfico la retrasaría, siendo optimistas, una media hora más. Le gustaba salir, en verdad lo disfrutaba y extrañaría mucho aquella intensa sensación de libertad, de noches viendo las luces de la ciudad desde un auto a toda velocidad a alguna parte, el escándalo alucinante de una fiesta. Como sea, algún día la gente se arrepentiría de no haber sentido su lado más salvaje pero ella no. Ella sabía que cada cosa solamente se vive una vez.


A Ian siempre lo habían incomodado los regalos muy notables, pero había llegado 10 minutos antes y podía sin ninguna prisa pasar a comprar unas flores con las cuales sorprenderla, a ella le gustaban mucho esas cosas y se dejaba sorprender. Ella era una persona muy linda  y eso lo había vuelto loco, pues quien llegara a mirarla por primera vez no podría ni imaginar lo sencilla que era su alma, pero él se había aprovechado sin querer del no esperar nada a cambio que ella era tan buena sintiendo. Queriendo hacer del regalo una cosa especial trató de darse su tiempo pero como siempre le solía suceder, cuando más quería matar el tiempo, más prisa se daba.
 
Ya era súper tarde, había pasado media hora y aún faltaba tramo, Alice pensó que hubiera dado lo mismo salir puntual… Tal vez Ian igual llegase tarde.

No era el colmo, aún. Ella siempre solía llegar tarde a todos lados, así había sido desde que la conoció, quizá se había encontrado con tráfico… pues salió bastante temprano y apenas llegó un poco antes.

Al no tener saldo en sus teléfonos ninguno de los dos podía avisarle al otro. En una Central de Porcesamiento de la Información (CPI, existía una por municipio conectada a las del resto del mundo vía Plumbing), se detectó a un ciudadano sin conexión en su Smartphone detenido por la calle por lo que una cámara de seguridad enfocó sobre el joven con flores que parecía esperar a alguien. Ese tipo de muestras de afecto públicas no estaban prohibidas por el Ministerio de la Seguridad, pero de darse el caso de que la persona esperada tampoco estuviera conectada a la Plumbing desde su teléfono móvil resultarpia sospechoso. Rápidamente el sistema envío una patrulla de la Guardia Nacional para estar al pendiente. Cualquier persona que no estuviera conectada a la Plumbing era considerada sospechosa, más aún si mostraba intensiones de afecto de manera pública sin intensión de compartirlo a través de la Plumbing.

7:00 PM… Era el colmo, ya la gente se había dado cuenta del muchacho que habían dejado plantado con todo y su ramo de rosas. Vaya tontería… sin duda era de esas cosas que solían pasarle a él. No tenía caso, comenzaba a ponerse oscuro y más valía ahora esperar para ya de mínimo regresar juntos a casa… Al menos ahorraría dinero y todavía tenía el detalle de las flores, también alcanzó a notar que la Guardia Nacional había dejado de prestarle atención y ya pronto se irían.
    Alice bajaba de la combi a toda velocidad, eran las 7:30 y no entristecerse le resultó inevitable, ya antes había pasado; cuando llegaba tarde lo único que ella quería hacer era verle , pero él estaba cansado de esperar y seguramente molesto. En ese momento lo vio, caminaba lentamente al lugar donde tomaría el transporte de regreso a casa. Alice quiso gritar, pero con la presencia de dos personas ahí sin datos móviles se disparó la alarma silenciosa y dos oficiales con traje anti motín descendieron de la patrulla que tenía ya un rato vigilando a Ian.
– ¡Ian! – gritó la chica cuando vio que éste levantaba el brazo para hacerle la parada a una combi.
   
La puerta se cerró una vez que el joven subió y se sentó. Al dar la vuelta en una glorieta Ian alcanzó a ver a una chica de espaldas… podía ser ella....

Alice quiso secar inútilmente las lágrimas que corrían por su rostro tan bello ahora compungido por la desilusión. A nadie le importó; sólo los dos oficiales que habían descendido de su patrulla quedaron expectantes, uno de ellos regresó al vehículo y anunció por radio mientras el otro solamente subía de nuevo:
– Falsa alarma, central. Confirmamos y nos retiramos.

Un ramo de rosas asomó detrás de la inconsolable Alice, quien volteó sin creer lo que sucedía
– Hola, mi vida… ¿Llevas mucho esperándome? – Alice se arrojó a los brazos de Ian, se besaron con tanto deseo y se abrazaron tan fuerte como si uno quisiera robar la vida del otro.

La Guardia Nacional recibió la alerta y, al poco tiempo, un grupo de oficiales armados con armas no letales y ataviados con sus uniformes anti motines retiraban de manera agresiva y violenta a todos los curiosos que querían observar por encima de sus hombros enfocándose en aquellos que sacaban sus teléfonos móviles para grabar lo acontecido y compartirlo a través de la Plumbing, los uniformados formaban un círculo alrededor de la pareja que ahora se besaba en el suelo.



lunes, 15 de octubre de 2018

La Oficina

Personajes: 
Voz de Reportero (En off) 
Roberto “Robert” Casas (Gerente General)
Ignacio “Nacho” Valderrama (Jefe de Sistemas)
Catalina “Katy” Navarrete (Administración)
Isalin “Isa” Sánchez (Asistente de Admón.)
Rafael “Rafa” Cuevas (Asistente de Gerente)
Joaquina “Jackie” Báez (Compras)
Samuel “Samy” Cabrera (Ventas)
Leandro de la Cruz (Ventas, el nuevo)

 

Escena I

Escena: Una oficina administrativa. Aunque más que una oficina, parece el segundo piso de cualquier casa adaptado como oficina. En izquierda abajo encontramos dos escritorios colocados espalda con espalda: uno en perfil derecho, otro en perfil izquierdo; con sus respectivas laptops, un botecito para colocar lapiceros, dos separado-res de libros, perforadora, engrapadora, folders y hojas, así como un catálogo que dice “Sidifergia S. de R.L. de C.V.” y un calendario de escritorio con el mismo logo. En derecha abajo tenemos la misma es-cena, dos escritorios colocados espalda con espalda. Todo igual con su laptop, bote para lapiceros, separadores de libros, catálogos de Sidifergia, etc. En cada escritorio hay un teléfono. En arriba centro tenemos otros dos escritorios en posición abierta, pero con una leve separación entre ellos, provocado por una mesita con su respectiva laptop y teléfono, la persona que se sienta en dicha mesita queda de espaldas al público. Al lado del escritorio de la derecha hay una multifuncional. Al lado del escritorio de la izquierda está un séptimo escritorio más lujoso con una silla y una computadora más caras, suponemos que es el área de trabajo del jefe, pues cuenta con su propia impresora. Cada escritorio está adornado con escarcha navideña y unas pocas esferas, se puede ver en un calendario grandote que es el mes de enero y tiene tachados los días del 1 al 7. Entre el escritorio del jefe y el del centro, hay un mueble de madera abierto, se ve que alguien arrancó la chapa a fuerza de golpes, en el interior del mueblecito hay varios fajos de billetes, los más cercanos a la puerta se encuentran tirados y algunos de los que están en el piso están manchados de sangre. Al lado del mueble hay una mancha que parece vómito.
Todos los escritorios están desordenados, los calendarios tirados, todas las hojas blancas regadas por doquier, las computadoras encendidas menos la del jefe (pues su escritorio se mantiene intacto), todos los artículos de oficina están o bien el piso o bien tirados a lo loco en los escritorios, se ve un martillo en el suelo por los escritorios de abajo derecha, varios casquillos de bala, la multifuncional está manchada de sangre en el costado más visible por el público. Algunas sillas están volteadas y otras simplemente están lejos de su respectivo escritorio. De igual modo, en todos los escritorios, salvo en uno de los colocados en abajo izquierda, se encuentran las respectivas chamarras, bolsos y mochilas de los trabajadores.
En off se oye a un perro ladrando y corriendo de un lugar a otro, ruido de patrullas y de radios.
Entra esa música chafa característica de los noticieros.

Voz en Off: (de algún noticiero) Esta mañana, ha sido testigo de un hecho lamentable el municipio de (ruido de interferencia) pues han sido encontrados muertos los empleados de la empresa metalúrgica Sidifergia, mientras el jefe se encontraba de vacaciones. Al parecer varios de ellos murieron por disparo de arma de fuego y por golpes con algún objeto contundente, de igual manera se encontró un séptimo cuerpo en las afueras de la casa donde se ubica la oficina, cuerpo que, al parecer, fue mordido repetidamente por el perro pitbull que se encontraba desamarrado. La policía municipal ha abierto una carpeta de investigación para clarificar los hechos, pues no había cámaras de seguridad en el lugar. De igual forma, se ha descubierto que el jefe de la empresa murió en un accidente de auto mientras tomaba un viaje de vacaciones junto a su esposa e hijos…
    Todos los sonidos comienzan a disminuir su volumen hasta que únicamente se escucha el zumbar de las luces y de los monitores de las computadoras.
    Los empleados comienzan a entrar, la primera en llegar es Catalina, quien limpia la mancha en la multifuncional y la mancha de vomito en el piso al lado del mueble del dinero, acomoda su escritorio ubicado a la derecha en centro arriba, a la izquierda de la multifuncional. Después llega Ignacio.

Ignacio: Buenos días, Katy.
Catalina: Buenos días, Nacho.
Ignacio: (Para sí mismo) Vamos a ver… (Recoge los casquillos y los guarda en su mochila, ve parte del dinero tirado en el piso, pero, al confirmar con la vista que Catalina no lo pela, lo deja ahí y acomoda su escritorio ubicado al lado del de Catalina, dejando la mesita de en medio, libre).
Entra después Rafael.
Rafael: Bueno días…
Nacho y Katy: Buenos días.
Rafael: Está rico el frío ¿no? (acomoda su escritorio, que se encuentra en perfil izquierdo ubicado en derecha abajo, enfrente de él se sienta Joaquina, quien llega sin saludar e igual acomoda su lugar de trabajo).
Catalina: Buenas noches… (Todos los empleados voltean a ver, es Isa, quien va llegando, se disculpa con una sonrisa).
Isalin: Hola, Katy… (Acomoda todo el desorden de su mesita).
Samuel: Hola qué tal buenos días.
Todos: Buenos días…
        Buenos días…
            Buenos días…
                Buenos días…
                    Buenos días…
   Samuel comienza a ordenar su escritorio, es el que está acomodado en izquierda abajo del lado derecho, hasta dejar todo en orden, todos empiezan a teclear cosas en sus computadoras, a realizar llamadas, imprimir, se hacen preguntas entre ellos, Catalina va hasta el escritorio de Jessica y comienzan a chismosear, Isalin toma su teléfono y platica, al parecer con su novio, todos los demás “hacen algo”.
Roberto: Muy buenos días, chavitos ¿cómo vamos?
Catalina Y Jackie: Hola, Robert.
Ignacio: Buenos días, Robert.
Rafael y Samuel: Robert, buenos días…
(Isa cuelga el teléfono rapidísimo, pero no saluda, camina al calendario grande y le borra el tache al día siete).
Ignacio: (Acercándose al escritorio de Roberto, quien ya se ha sentado y observa todo plácidamente) Qué onda, mi Robert… ¿Ya listo para irnos de vacaciones o qué?
Roberto: Ya, Nachito, ya sólo estamos aquí para encausar algunas cositas y nos vamos… pero me voy a ir hasta mañana.
Ignacio: ¿Y eso?
Roberto: Pues ya ves, que mi mujer no quiere que nos vayamos, pero es cosa de todos los años, en siete años que llevamos aquí, todos los años es lo mismo (haciendo voz de mujer) No, Robert, que nadie cuida la empresa y no puedes dejar ahí a tus empleados.
Ignacio: No pues cómo, no descansas un solo día en lo que resta del año, además tienes tu empresa en excelentes manos.
Roberto: Pues sí, pero ya ves, Nachito ¿Ya me tienes todo conectado?
Ignacio: Sí, mi Robert, ahorita ya nada más levantó el sistema y listo, podemos empezar a trabajar.
Roberto: (Sonriendo divertido) ¿Entonces que estaban haciendo todos cuando llegue?
    Vuelve todo al mismo ritmo y algarabía de oficina de hace un momento. Cuando llega Leandro bastante apurado, su respiración está levemente agitada y tiene un poco de sudor en la frente, se le nota presumiblemente nervioso
Leandro: Buenos días a todos.
Todos: Buenos días…
        …
            Buenos días…
                …
                    Buenos días…
                        …
    Leandro acomoda su lugar de trabajo, mira los billetes en el piso que al parecer nadie nota, volteando a ver a todos los toma y vol-tea a ver a Robert, quien realiza unas llamadas, guarda todos los fajos y billetes sueltos en el mueble, le coloca la chapa y lo cierra. Se va a su escritorio. Roberto se levanta y cierra el mueble con llave. Todos regresan a sus actividades. Leandro llama la atención por la serie de movimientos que denotan su nerviosismo. Suena un telefono, todos voltean a ver con enojo a Leandro.
Joaquina: Ash...
Roberto: (Sacando su celular) ¿Bueno? ¿Qué pasó, mi amor? (todos refresan disimuladamente a lo que hacían) Sí, ya Nachito y Katy tienen las indicaciones para que todo funcione (disimuladamente, todos los empleados, salvo Leandro e Isalin, paran oreja para escuchar la conversación telefónica) Pues sí, mi vida, pero eres tú la que me estuvo diciendo que… ¡Ah, ya de una vez! ¿Y mi maleta? Órale pues, entonces vámonos, te espero en el carro y de volada… (Comienza a guardar sus cosas apresuradamente pero con mucho organización) Sí, pues ya en el camino haces unas llamadas y reservamos el hotel… vale mi amor, pues paso por ti en el carro y nos vamos.
Rafael: ¿Todo bien, Robert?
Roberto: Sí, sí, sí… pues chicos, a ver, tantito, denme cinco minutitos y ya nos vamos… bueno, me voy (risas de todos) pues ya Nacho y Katy tienen las indicaciones, todos se van a las 6:00 ni un minuto más ni uno menos y mañana todos a las 8:00… Nachito, ya sabes, si alguien checa tarde te lo chingas, igual si alguien sale más temprano. Allá abajo se cierra a las 5:30… No quiero, que se la pasen haciéndose tontos, que no trabajen, el hecho de que yo no esté, ni quiere decir que van a hacer lo que quieren… Jackie, te encargo a mis muchachos (señala a Samuel y a Leandro) Cualquier duda, muchachos, con ella, sólo no me la saturen mucho que no trabaja bien bajo presión. No sean tímidos, que aquél que es tímido para las ventas… (Leandro baja la mirada y su cabeza levemente) mejor que se dedique a otra cosa. Pues cuídense, chavitos, quiero sus reportes en mi WhatsApp, diario… igual y no los voy a leer, porque voy a estar de vacaciones, pero ya entienden. (Sale).
    Todos regresan a sus actividades, pero Leandro se nota un poco más suelto, Jackie comienza a chatear en su Smartphone, el ambiente al parecer se relaja un poco.
    Acciones simultáneas: los vendedores descuelgan el teléfono y se ponen a realizar llamadas; cuando tienen éxito: cuelgan y se ponen a teclear algo en sus computadoras, mandar a imprimir una orden de compra que sale en la multifuncional; cuando no lo tienen, revisan una tabla impresa y marcan a otro número.
    La encargada de compras contesta llamadas entrantes y toma las órdenes de compra o realiza los pedidos, cuelga, marca a algún proveedor y hace el pedido, después ingresa algo en su compu.
    En los escritorios del fondo no se sabe qué es lo que está haciendo cada uno, pero teclean con rapidez, hacen gestos, siguen tecleando y platican algo entre ellos.
    Leandro para un momento y se pone a chatear en su Smartphone, Catalina deja su silla y camina hacia él.

Catalina: Estás en horas de trabajo.
Leandro: Perdón, contestaba un mensaje de mi novia.
Catalina: No estamos para contestar mensajes de la novia.
Rafael: Ooo… déjalo ¿qué tal que es algo urgente?
Catalina:… ¿Es algo urgente?
Leandro: No… es sólo que me mandó un inbox diciéndome que le eche muchas ganas.
Catalina: (perdiendo su tono serio, sonando inclusive amistosa) Ay, en verdad que ustedes dos, me matan (vuelve a su silla).
Joaquina: Ya deberían de casarse ustedes dos ¿cuánto tiempo llevan de novios?
Leandro: Pues… ya vamos a cumplir dos años, afortunadamente.
Joaquina: ¿A poco? ¿Y te metiste a trabajar para casarte con ella?
Leandro: Pues… algo así (ríe tímidamente pero muy amistoso).
Joaquina: Así como tu ex ¿No, Katy? (cambia de tono) Ándale, trabajemos para irnos a vivir juntos y tómala que te deja a las dos semanas de haber entrado.
Rafael: tsss… no, eso sí estuvo grueso.
Catalina: No andes ventilando cosas, no mames… mejor ponte a trabajar y deja de estar indagando la vida personal de Leandro y ventilando la mía a todos ¿sí? Por favor… Oye, Nacho, no puedo mandar a imprimir desde mi computadora…
Nacho: A no… Mándaselo a Jackie y que ella lo imprima desde su compu.
Catalina: Jackie… me imprimes esto por favor.
Joaquina: Pues sí… ya qué…
Samuel: ¿y desde aquí puedo mandar a imprimir?
Nacho: No, igual todos los que vayan a imprimir, le mandan todo a Jackie y que ella lo mande a la impresora…
Joaquina: Pero no todos al mismo tiempo y si necesitan imprimir me avisan ¿eh?
    Catalina en esta última frase voltea a ver a Leandro quien para entonces ya se habrá levantado dos veces hacia la multifuncional a sacar órdenes de compra. Se levanta de su asiento y corre al baño, Joaquina se le queda viendo fijamente y Leandro alcanza a notarlo. Catalina regresa.
 

Oscuro

Escena II

Escena: La misma oficina, pero en esta ocasión continúa bien ordenada. Los empleados comienzan a entrar, la primera en llegar es Catalina. Después llega Ignacio.Ignacio: Buenos días, Katy.
Catalina: Buenos días, Nacho.
Ignacio: (Para sí mismo) Vamos a ver…
Entra después Rafael.Rafael: Bueno días…
Nacho y Katy: Buenos días.
Rafael: Está rico el frío ¿no? (Se sienta en su escritorio. Imediatamente después entra Joaquina, quien no saluda, sólo se sienta).
Catalina: Buenas noches… (Todos los empleados voltean a ver, es Isa, quien va llegando, se disculpa con una sonrisa).
Isalin: Hola, Katy… (Acomoda todo el desorden de su mesita).
Samuel: Hola qué tal buenos días.
Todos: Buenos días…
        Buenos días…
            Buenos días…
                Buenos días…
                    Buenos días…
    Samuel toma lugar en su respectivo escritorio, todos empiezan a teclear cosas en sus computadoras, a realizar llamadas, imprimir, se hacen preguntas entre ellos, Catalina va hasta el escritorio de Jessica y comienzan a chismosear, Isalin toma su teléfono y platica, al parecer con su novio, todos los demás “hacen algo”.
    Llega Leandro bastante apurado, su respiración está levemente agitada y tiene un poco de sudor en la frente, se le nota presumiblemente nervioso.

Leandro: Buenos días a todos.
Todos: Buenos días…
        …
            Buenos días…
                …
                    Buenos días…
                        …
Catalina: Jackie ¿puedes venir tantito, por favor?
Joaquina: (Acercándose) ¿Qué pasa, Katy?
    Secretean, por las reacciones de Joaquina se nota que se trata de algo que escapa del control de ambas. Leandro las observa con curiosidad, nadie se percata de que Rafael las está oyendo.
Joaquina: No, mames… ¿y así te sigues acostando con Robert?
Catalina: Cállate, pendeja… pues sí, así cuando regrese de sus vacaciones le voy a decir que es de él.
Joaquina: ¿Y si luego se quiere hacer la prueba de paternidad?
Catalina: Pues no sé, we…
    Ambas voltean a ver a Leandro, el joven desvía rápidamente la mirada, pero Jackie se le queda viendo muy fijamente, Leandro se intimida… suena un teléfono, se deja timbrar varias veces hasta que contesta Samuel, toda la tensión desaparece.
Samuel: Sidifergia, buenos días… permítame… (a los demás) ¿Cómo era para transferir llamadas?
Joaquina: ¿A quién le están hablando?
Samuel: A Nacho… este… este… al ingeniero Ignacio.
Nacho: Pásamelo así, si quieres. (Se levanta de su escritorio y camina lentamente hacia el de Samuel, mientras hace su traslado: Samuel mira a Joaquina hasta que ella voltea, Samuel baja la mirada, Joaquina voltea hacia Rafael y descubre que la está viendo, Joaquina baja la mirada, Rafael se da cuenta de que Leandro tuvo la mirada fija en él todo el tiempo, ambos vuelven al trabajo o fingen hacerlo) Aquí el Ingeniero Valderrama… ¿Quién habla…? ¿Quién…? Ajá… es correcto… (Se comienza a alarmar) ¿Pero eso dónde pasó…? (todos los demás se ponen alertas) ¿Toda la familia? Pues… así no hay ni a quién darle el pésame (Katy y Nacho se miran fijamente… los demás se miran entre ellos). Muchas gracias, hasta luego.
    Cuelga. Permanece tácito tratando de analizar la situación.
Rafael: ¿Qué pasó, Nachito?
Nacho: Pues… que acabamos de quedarnos sin trabajo… Katy, vente, acompáñame.
Catalina: (preocupándose cada vez más) ¿Nacho, qué pasó?
Nacho: (Tratando de mantenerse ecuánime suena indiferente) Robert se accidentó hoy en la mañana en la autopista… iba a una velocidad muy alta… Creo que se mató junto a toda su familia… (Se escuchan varias exclamaciones de preocupación que ponen a Nacho nervioso)
Catalina: (Consternándose poco a poco, hasta llegar a la desesperación) No… no, eso no puede ser…
Nacho: Cálmate… vente vamos a platicar
Catalina: No mames, Nacho… a platicar… ¡no mames! (Forcejea con Ignacio quien poco a poco la saca de escena) ¿Qué voy a hacer? ¡Estoy embarazada!
Un sonido de sorpresa por parte de todos, esta vez, más fuerte, Nacho y Catalina salen.
 
Oscuro.

Escena III

Escena: Todos los empleados han dejado de hacer sus cosas, Leandro no para de chatear por su celular, esta vez más ansioso. Todos los demás están sentados cómodamente en sus sillas, pero se muestran notablemente impactados por la noticia.
Samuel: (a Leandro) ¿Crees que se tarden todavía demasiado?
Leandro: No lo sé… imagino que se tienen que poner de acuerdo en cómo liquidarnos y esas cosas.
Samuel: ¿Crees? Debe haber alguien que supla a Robert.
Joaquina: No… esta empresa pertenece a la familia Casas, Robert es hijo único… sin hermanos, sin padre… su esposa, su mamá y sus hijos iban con él en el carro… ¿Creen que sí se hayan muerto todos?
Rafael: (en medio de una risita nerviosa) No manches, Jackie, eso no se pregunta…
Leandro: Igual aunque sobrevivieran sus hijos… la mayor tiene doce años, ni modo que se ponga a dirigir la empresa.
Samuel: Pero algún tutor o algo…
Joaquina: Ya veremos… ahorita son Katy y Nacho los encargados directos, ellos decidirán qué hacer.
Isalin: Pues ya que nos den aunque sea la semana y nos largamos…
Rafael: Ay sí ¿No? ¿Y luego? Yo debo mantener a mi familia.
Samuel: Todos debemos mantener a nuestras familias (a Leandro) ¿sí o no?
Leandro: Pues sí… (teclea algo rápidamente en el celular)
    Entra Katy como un rayo, mira rápidamente a todos sin dejar de caminar, abre unos cajones del escritorio de Robert y saca un bon-che de hojas encuadernadas, vuelve a salir.
Isalin: Pues ahí está el mueble del dinero, hay que repartírnoslo.
Joaquina: Sólo Robert tiene las llaves… se iba a ir una semana, dejó los sobre de todos ya hechos.
Isalin: Mejor… mira, nos repartimos entre todos el pago de los trabajadores, cerramos la jornada normal y nos largamos, dejamos todo cerrado aquí y mañana nadie estuvo ni volverá a estar aquí.
Joaquina: No mames… en cuanto los trabajadores se den cuenta de que les cerramos se van a poner locos.
Leandro: Podemos… quemar todos los papeles y formatear las computadoras y así… ya nadie sabrá nada.
    Todo el mundo voltea a ver a Leandro, como si hubiese mencionado una blasfemia, pero los rostros de todos cambian, tocados por la ambición. Leandro los mira a todos a los ojos y vuelve a escribir cosas en su teléfono.
Isalin: (se levanta y se sienta en el escritorio de Leandro) ¿Ven? Es fácil, no mamen…
Rafael: Yo digo que esperemos a ver qué nos dicen Katy y Nacho… ya si su idea no nos parece…
Samuel: Si su idea no nos parece, que Isalin y Leandro les den la suya…
    Silencio tremendamente incómodo. Leandro logra, por primera vez, sostener la mirada hasta lograr que Samuel la baje, Isalin lo voltea a ver y le acaricia el cabello para calmarlo, Leandro vuelve a chatear por su celular, se nota que su impaciencia va en aumento, Joaquina se ríe que Leandro no le hizo caso a Isa, Isa lanza una expresión mustia. Entran Katy y Nacho.
Joaquina: ¿Y bien? ¿Qué hacemos?
Nacho: (Visiblemente ansioso, haciendo un buen esfuerzo por controlarse) Pues bien… el estatuto de la empresa nos deja a Katy y a mí al frente del equipo de trabajo administrativo… En caso de muerte o abandono por parte del dueño, en este caso, Robert, debemos liquidar a todos los trabajadores por igual y de acuerdo a su puesto…
Katy: O sea que no importa cuánto tiempo lleven si eres administrativo,  los trabajadores son los que saldrán un poquito mal pagados por-que a ellos sí se les liquida conforme a su tiempo laborando y tomando como base su salario.
Nacho: Sin embargo (voltea a ver a Katy duramente) debido a que Katy va a tener un hijo de Robert (Samuel, Jackie y Leandro se sor-prenden) A ella le va a tocar una mayor parte… (lo piensa un poco mejor)... un poquito más. Para todas estas liquidaciones contamos con la cuenta bancaria, cuando Robert sale, vacía toda la cuenta con todo e intereses y se guarda en efectivo aquí.
Katy: junto con el resto del efectivo, el que se encuentra en el mueble
Nacho: Jackie… ponte a hacer cuentas, a los trabajadores dales de acuerdo al tiempo que laboraron, ya te la sabes… a nosotros nos vas a dar lo mismo de acuerdo al tiempo que lleve Katy, quien tiene más tiempo en la empresa que nosotros, para que salgamos un poquito mejor posicionados.
Jackie: Ay, claro… pero de todos modos a ella le va a tocar su mochada aparte ¿no? (Rafael y Leandro quieren reaccionar pero prefieren no delatarse, sólo se voltean a ver).
Nacho: No es cosa de discusión… Tomas tu dinero y te vas.
Rafael: Oigan… (Todos voltean a ver) ¿Por qué no… nos hacemos cargo de la empresa nosotros?
Catalina: No es posible… Como socios únicamente podemos cumplir con nuestra aportación. No podemos tener otro tipo de funciones.
Rafael: Pero podemos hacer papeleo, cambiar el tipo de sociedad.
Catalina: Para eso necesitamos la firma de Robert, quien por cierto no ha dejado ni testamento, terminaríamos perdiendo más… está decidido, a cada quien se le dará su monto y nos vamos. Nacho… hay que ir haciendo los trámites para dar de baja la empresa…
Isalin: Oigan… Leandro y yo tenemos una mejor idea…
Catalina: ¿Qué idea tienes, Leandro? (El chico trata de hablar, pero no lo logra, como si las palabras se le amontonaran en el pecho).
Isalin: Miren… Tenemos tooodo el dinero de la empresa se encuentra guardado en el mueble ¿no?... Los trabajadores no saben aún que Robert ha muerto.
Joaquina: Podemos dividirnos todo el dinero entre nosotros… nos va a tocar como diez veces más a cada quién (cambiando el tono de su voz) Incluso a Katy, le tocaría mucho más dinero…
Nacho: (comienza a agitarse y a sudar) ¿Y los trabajadores?
Isalin: Nadie les dice nada… simplemente contamos el dinero, lo dividimos a partes iguales, destruimos todos los documentos de la empresa, esperamos a que cierren a las 5:30, repartimos su lana cada quien y nos vamos.
Samuel: Isa… no.
Isalin: ¿Por qué no? El dinero de Sidifergia se cuenta ya en miles de millones de pesos.
Catalina: Cien mil millones de pesos.
Isalin: Ahí está (Leandro saca su calculadora y hace la cuenta por Isalin) cien mil millones entre los siete que estamos aquí…
Leandro: Catorce mil doscientos ochenta y cinco millones, setecientos catorce mil doscientos ochenta y cinco pesos completamente libres de impuestos para cada uno (es la primera vez que Leandro se escucha totalmente seguro de sí mismo)
Nacho: (Cercano ya a un ataque de ansiedad. A partir de este momento, ya no vuelve a recuperar el control) Venga… Isalin, comienza a formatear todas las computadoras, Katy, ayúdame a buscar la llave del mueble del dinero… todos los demás, empiecen por favor a rasgar todos los papeles y todos los documentos… no tenemos que dejar ningún tipo de evidencia… Jackie, mándale un mensaje a todos nuestros clientes, proveedores, amigos, compradores etc… diles que nuestras líneas están fallando y desconecta todos los teléfonos…
Rafael: No, Nachito, eso no está bien.
Nacho: Tú cállate, pendejo… vamos a ganar en un rato más de lo que ganaremos en toda nuestra vida.
Samuel: Pues… tiene razón… hagamos nuestra chamba.
    Empieza una suerte de coreografía, se escucha el segundero de un reloj, primero es leve, los trabajadores toman hojas y las rasgan, Isalin camina de un lado a otro formateando las computadoras, Cata-lina y Nacho buscan la llave del mueble, Jackie realiza llamadas y teclea algo en su computadora.
    El sonido del segundero del reloj se hace más fuerte. Todos continúan haciendo lo suyo con un poquito más de velocidad y desesperación.

Catalina: No está.
Nacho: Pues no está… (Todos voltean a verlos)
Catalina: Podemos botar la chapa y forzar la cerradura.
Nacho: Búscate una palanca o un martillo.
    Se escucha el aullido de un perro, Isalin corre a asomarse y regresa.
Isalin: Es el pitbull de Robert…
Rafael: Verga… ¿quién se lo va a quedar?
Jackie: ¿Para qué lo quieres? Dejémoslo aquí.
Samuel: No podemos dejarlo aquí, se va a morir de hambre.
Jackie: ¿Y?
Leandro: Yo me lo llevo, a mí me gustan los perros… sirve que nadie me asalta cuando vaya regresando a mi casa con tanta lana…
    La broma no surte efecto, el segundero de reloj hace un ruido todavía más estridente, los trabajadores comienzan a romper las hojas a lo loco, Isalin corre de aquí para allá desesperada, Jackie arranca los cables de los teléfonos e incluso avienta uno que se hace pedazos contra el suelo. Nacho y Katy se empiezan a volver locos, dejan los cajones abiertos, Nacho agarra a golpes el mueble…
    El perro vuelve a aullar, el segundero suena con más fuerza, Leandro arruga un montón de hojas y los avienta por ahí, Isalin vuelva las computadoras y las descompone a golpes, Jackie termina arrojando todos los teléfonos al suelo, Nacho y Katy agarran los dos a golpes el mueble.
    El segundero es ahorra un ruido espantoso, insoportable… se escucha un ruido de madera rompiéndose y al perro ladrar con ira y sus uñas chocando con el piso… Isalin corre a asomarse

Isalin: (Asustada, asomándose por la ventana) No mamen… El pinche perro se soltó...
Rafael: Robert me había dicho que hacía falta ya cambiarle la cadena y el collar porque se estaban rompiendo.
Samuel: ¿Cómo le vamos a hacer para salir?
Leandro: (Se asoma quedando a lado de Isalin) No sé… anda dando de vueltas por ahí… ¡se va a salir por el zaguán!
Nacho: Si ese puto perro se escapa los trabajadores se van a dar cuenta...
Isalin: Voy en chinga a cerrarlo (Sale corriendo de escena, Leandro trata de agarrarla pero se le va).
Todos: (a destiempo) ¡No!… ¡Isa, no!… ¡no, no, no, no!… ¡espérate, Isalin!
    Se escucha como una puerta de metal, perteneciente al zaguán, se azota, también el grito de Isalin en Off y el ruido de un perro atacando. La chica entra cojeando, su pantalón está roto de la pierna derecha y tiene demasiada sangre, su cabello está alborotado y polvoriento, sus brazos raspados y llenos de polvo al igual que su cara. Se apoya de Leandro quien la lleva a centro, centro y la dejan sentar en una silla. El ruido del segundero se convierte en un zumbido muy grave que retumba en los oídos.Isalin: (con un dolor tremendo en la voz) Vale verga… puto perro me escuchó y se regresó a romperme la madre el cabrón…
Jackie: (lanza un grito de horror) ¡No mames tu pierna we…! (Todos se retiran unos pasos, de la pierna de Isalin escurre tanta sangre que se empieza a formar un charco).
Leandro: ¡Rápido, algo para detener la sangre!
Rafael: Toma (le da su bufanda).
Samuel: También la mía… (Le entrega su bufanda).
    Nacho y Katy observan sentados en el mueble del dinero, sus miradas empiezan a trastornarse en miedo, Catalina vomita hacia un lado del mueble, Nacho se levanta asqueado, ahora Nacho está completamente sudado y agitado, le cuesta mucho trabajo respirar. Catalina voltea ver a todos, Jackie, Rafael y Leandro se le quedan viendo. Pero Jackie la mira con un desprecio notable, casi convertido en un odio personal hacia ella, Nacho mira a todos, sorprendido, sin entender el porqué de la expresión de sus miradas, se inquieta aún más.
Leandro: Jackie, necesito que le hables a Isa… no dejes que se desmaye... ¡Jackie!
Joaquina: ¿Eh? ¡Ah, sí…! Isa…Isa... (Isa no reacciona, Joaquina le da una cachetada) ¡Isa… órale pendeja, eso te pasa por andar de verguera! ¡Hubieras dejado que el pinche perro se escapara!
Samuel: ¡Jackie!
Isalin: Déjala… tiene razón. (Comienza a temblar y su voz se vuelve constantemente más débil) Eso me pasa por pinche codiciosa… lo mismo que a todos nosotros…
Rafael: No digas eso… no te va a pasar nada, le vamos a hablar a una ambulancia.
Nacho: Sí, pendejo, que vean el desmadre que tenemos aquí ¿No?
Rafael: ¡Bueno cabrón, Isa se está muriendo! (Nacho le mete un puñetazo en la boca a Rafael y lo manda al suelo, en su caída, Rafael empuja unas sillas y tira cosas. Samuel y Jackie corren a ayudarlo)
Nacho: Será mejor que te calles el pinche hocico, cabrón o te lo cierro a chingadazos.
Catalina: (Tomando del brazo a Nacho) ¡Hey! ¡Cálmense los dos! (A Leandro) ¿Cómo vas con eso “Leo”?
Leandro: Pues el sangrado se detuvo… pero Isa ya ha perdido mucha sangre… podemos dejarla sentada o recostada en algún rincón… (Mientras habla sus ojos voltean como locos a todos lados). Debemos mantenerla caliente y que tome muchos líquidos. (Le hace una seña a Catalina se van al escritorio del jefe). Pero la neta no sé si aguante de aquí a las seis…
Catalina: Hay que apurarnos a abrir el pinche mueble… contamos tu parte y la de Isa y los mandamos en Uber a urgencias ¿cómo vez?
Leandro: Vale, hay que apurarnos.
Catalina: Nacho ¿cómo vamos a abrir el mueble?
Nacho: No sé… no encuentro con que chingados abrirlo
Isalin: Hay un martillo detrás del tanque de la taza del baño…
Catalina: Corre, Nacho… tenemos que calmarnos y terminar con esto ya…
    Nacho sale de escena corriendo… Los demás sientan a Isa en el escritorio de Robert, y la tapan con sus chamarras. Nadie sabe en qué momento se detuvo el zumbido, ni a qué hora dejó de ladrar el perro.

Oscuro

Escena IV

Escena: Todos los trabajadores están sentados sobre y alrededor del mueble con el dinero, Isalin permanece en silencio en la silla de Robert, sin moverse casi, aunque respira con normalidad, se le puede notar cansada y sudorosa, así como un poco pálida, las improvisadas compresas no se han terminado de llenar de sangre, parece que han funcionado.
    Rafael mantiene su mano en la parte del rostro donde recibió el golpe, todos se ven un tanto más desalineados. Jackie rompe el silencio golpeando el mueble con sus manos.

Jackie: (A Catalina) ¿Quién te puso a cargo, ahora?
Catalina: Los estatutos de la empresa así lo marcan.
Jackie: Aaa… claro los estatutos de la empresa ¿No?
Leandro: Jackie, creo que deberías…
Jackie: No me digas qué hacer, mocoso… Se lo dijiste a Nacho ¿no? Ay… mírenme, voy a tener un hijo de Robert… ¿Por qué no les dices a todos de quién es ese hijo que vas a tener?
Catalina: (Se levanta, toma del rostro a Joaquina y la somete) Mira, pendeja: será mejor que te calles o si no yo misma te voy a arrojar por las escaleras para que te mate el perro de Robert… puta-gorda-estúpida...
Samuel: Katy, eso puede hacerle daño a tu bebé, ya tranquila.
Rafael: Ya, callados todos… es el colmo ¿Para qué nos complicamos la existencia? Terminando esto cada quién hará su vida y nos olvidaremos de todo lo vivido ¿de acuerdo?
Jackie: … De acuerdo (para sí)… claro, todos defendiendo a la perra pendeja esa.
    Se escucha el ruido de la formaica romperse y el sonido de agua escapandose. Entra Nacho, su camisa está mojada, y se encuentra con las mangas dobladas, está muy sudado y cada vez más inquieto. Todos hacen un gesto de haber estado esperando mucho.
Nacho: Listo… se encontraba atorado y tuve que quitar el tanque de agua del váter… me lo vacíe encima e hice un desmadre, pero…
Jackie: Sí, sí, sí… a ver (Le arrebata el martillo a Nacho) Háganse para atrás todos… Una vez vi a Robert hacer esto con su antiguo mueble.
   Jackie golpea la chapa y está sale volando hacia el interior del mueble, las puertas se abren de par en par dejando ver muchos paquetitos de billetes de 500 pesos muy bien ordenados y acomodados. Catalina se agacha para empezar a sacar los paquetitos junto a Nacho. Le entrega unos cuantos al ingeniero, Nacho coloca los paquetes en su escritorio, repiten esta acción varias veces, hasta que Jackie ataca por la espalda a Nacho, quien sale volando hacia su escritorio arrojando cientos de billetes al aire. El perro comienza a ladrar al escuchar el ruido producido por Nacho… El <<tic tac>> del reloj comienza a escucharse de nuevo.
    Jackie emite alaridos de odio y desesperación. Moviéndose muy rápidamente y aprovechando la confusión, le propina un martillazo a Katy en el vientre, todos se quedan en silencio, viendo el horror que se ha desatado…
Jackie: Andrés era mío, perra… (Comienza a llorar) Tú me lo quitaste… sólo para que decidiera no estar ni contigo ni conmigo… creí que eras mi amiga.
Leandro: (Acercándose a Jackie) Oye… baja eso… (Es interrumpido por un golpe propinado por Jackie que igual lo manda al suelo).
Jackie: Que no me digas que hacer, pinche chamaquito pendejo…
    Los jeans de Katy comienzan a mojarse de un líquido escarlata, pareciera que orinara sangre, el rostro de Jackie se retuerce en una enfermiza mueca de placer al ver a su amiga sufrir mientras el rostro de Katy se contorsiona en una mueca horrible de dolor y de vergüenza…
    Katy, con la mirada perdida y con el rostro aún deformado por el dolor, se lleva la mano al pantalón a la altura de su sexo y mira el líquido que ha quedado en sus dedos.
Katy: Mi… bebé (en llanto)… perdóname, Jackie… (Se va de espaldas hasta chocar con la multifuncional, lentamente se desploma y al intentar sujetarse de algo, deja una mancha de sangre en el aparato).
    Leandro se levanta con el golpe en la parte baja de su mentón, un poco recargado a la izquierda, tiene un hematoma inmenso y le sangra el oído; parece aturdido, agita la cabeza y aprieta los ojos para volver en sí, sin lograrlo. Se acerca a Katy y le toma el pulso en el cuello.
Katy: (Apenas murmurando, sólo Leandro la escucha) Ya repártanse el dinero… “Leo”, vete con Isalin al hospital…
Leandro: También te llevaremos a ti, te vamos a atender.
Katy: Qué lindo… cuida mucho a tu futuro hijo y a tu novia...
Leandro: Katy… Katy… ¡Katy! ¡Con una chingada! (llora dolorosamente)
Jackie: Se lo merecía la muy perra, les hice un favor al deshacerme de esa perra estúpida. (Se ha dejado de escuchar el segundero y el perro).
    De repente un fuerte ruido los alarma a todos, se dejan escuchar pequeños gritos de susto por parte de Samuel, Rafael y Leandro, quienes se agachan casi inmediatamente después de escuchar el disparo. El perro comienza a ladrar más fuerte y el sonido del segundero vuelve a iniciar. Joaquina cae al suelo boca arriba, como si estuviera hecha de cemento, debajo de su cabeza comienza a formarse un charco de sangre. Todos voltean a ver en dirección al escritorio de Nacho quien sostiene una pistola, la cara de todos se llena de miedo.
Nacho: (apuntando a todos) Bien, hijos de su puta madre… no sé qué más pedos se traigan, así que voy a ser directo y pido de ustedes su total colaboración… (Ha llegado al punto máximo de su desesperación). Vamos a dividirnos entre todos la parte que les tocaba a Catalina y a Joaquina ¿de acuerdo? Y no quiero ninguna pendejada. Ustedes: (señala a Samuel y a Leandro) Quiten el cadáver de esa puta de ahí…
   Samuel se queda paralizado viendo el arma de Ignacio, Leandro se levanta y toma el cuerpo de Joaquina y lo arrastra lejos del mueble, sujetándolo de las manos, haciendo un camino de sangre.Nacho: Tú, cuatro ojos (le apunta a Rafael) toma la cinta canela que está ahí y amarra a este par de putos… mientras iré haciendo el conteo del dinero. No me quieran sorprender porque me los trueno cabrones ¿entendido?
    Nacho se ciñe la pistola al cinturón y continua sacando los paquetes de billetes, va colocando un paquete en cada escritorio, para hacer una repartición igualitaria. Rafael ejecuta las órdenes de ignacio casi llorando, le escurre la nariz y le tiembla la mandíbula, suda copiosamente.

Nacho: Vacía las mochilas y cada paquetito que vaya poniendo en los escritorios, los metes en la respectiva bolsa de cada quien ¿Vale?
    Rafael asiente con la cabeza, para entonces ya terminó de amarrar las manos de Samuel y Leandro.
Rafael: Oye, Nacho, tranquilo we… nosotros somos más tranquilos, tú sabes que las viejas están locas.
Nacho: Cállate, puto… no me distraigas que apenas pasan de las cinco y media… si me llego a apurar media hora los trabajadores hubieran escuchado el balazo y hubieran subido hasta acá.
Rafael: Pero… ¿Los vecinos no habrán escuchado nada?
Nacho: (Irónico) Pues no sé, Rafita… si así tenemos máximo dos horas para terminar de contar todo y salir de aquí…
    Terminan de meter el dinero en las mochilas pero aún queda bastante en el mueble.
Rafael: Nacho… ya no cabe más dinero en ninguna mochila…
Nacho: Me lleva la chingada y aún falta mucho... pero no importa (coloca el cañón del arma en la frente de Rafael). Me quedan seis balas, una para cada uno de esos dos jotos que están ahí amarrados, una para ti, una para Isalin… y me quedan tres… las cuales voy a usar para matar a ese pinche perro de allá abajo… si de casualidad no lo llego a matar, tengo la ventana del comedor que da para la calle… no será difícil brincarme, llegar a mi carro e irme con todas sus mochilas llenas de lana… lo que se quedó aquí en el mueble será la merma… ni modo. Ahora de rodillas.
Rafael: Nacho… esa ventana da para el patio…
Nacho: ¡Qué listo... Maricón!… entonces tu vas a ser el primero en salir. (Ignacio jalonea a Rafel para que camine hacia la puerta) ¡Órale, cabrón...! Mientras el perro te come me da chance matar a éstos y pelarme...
    Leandro se levanta rápidamente y se arroja sobre la espalda de Nacho, al tener las manos amarradas enfrente trata de arrebatarle la pistola, pero está se dispara, dándole a Samuel, quien cae el suelo. Por fin el arma sale volando, pero Nacho logra quitarse a Leandro, Rafael va lentamente por el arma.
    Se escucha un grito de mujer, es Catalina con el martillo. Sorprende a Nacho y lo golpea en la nuca, Nacho cae, trata de levantarse en acto reflejo pero sólo consigue darse la vuelta en un giro más parecido a una convulsión. Catalina golpea el rostro de Ignacio repetidas veces, al estar detrás de un es-critorio no se alcanza a ver, pero el martillo queda lleno de sangre y la cara de Catalina se salpica. Un nuevo balazo se escucha, y Catalina cae al suelo, está vez es Rafael quien tiene la pistola.
   El zumbido y los ladridos del perro no cesan.
Leandro: Rafael… ayúdame.
Rafael: (completamente quebrado) No…  Todo eso es tu culpa.. creo que ha habido un ligero cambio de planes ahora… (Le apunta a Leandro) Ahora tengo el dinero de todos los que están aquí… incluso el tuyo, amiguito.
Leandro: Sé razonable, hombre… sólo somos nosotros tres… ya tenemos la vida asegurada con todo el dinero (pierde la compostura) no tiene sentido que nos chingues ahorita…
Rafael: ¡Me vale verga...! todos ustedes, cabrones, son una puta bola de locos enfermos, así que resolveré mi vida y de paso libraré al mundo de locos como ustedes…
    Sin que Rafa se dé cuenta, Isalin cierra la puerta y la asegura  con llave, desliza la llave por debajo de la puerta hacia afuera, dejando a todos encerrados. Rafael voltea y dispara, Isalin cae al suelo emitiendo un fuerte pero breve grito… Leandro aprovecha para ir rápido por el martillo, Rafael voltea y dispara dándole a Leandro en una pierna. Leandro cae de bruces al suelo, pero logra quedar cerca del martillo, el dolor y el miedo le dibujan una mueca grotesca en el rostro. Rafael se acerca a Leandro para rematarlo, se arrodilla junto a él.
Rafael: (Mirando alrededor suyo) ¿Sabes? Mi esposa y yo...
   Es interrumpido por un golpe que Leandro le atina justo en las sienes con el martillo, Rafael cae al piso y se convulsiona en espasmos violentos. Con golpes horizontales hacia la cara, Leandro fulmina a Rafael. Lo golpea varias veces aún cuando ha dejado de moverse.
    Extenso momento de silencio… Leandro mira a su alrededor y contempla la escena, su cordura comienza a ponerse a prueba. Toma su mochila llena de dinero, usando un cúter rompe las cintas que amarraban sus manos pero se corta en su desesperación, sus manos se llenan de sangre. Ahora el sonido del segundero es un zumbido grave y constante, el perro está completamente enloquecido.
    Leandro toma el arma del suelo, camina hacia su computadora y toma el teléfono de su escritorio, marco un número de memoria.

Leandro: ¿Amor? ¿Cómo estás? Soy yo, Leo… ¿Cómo… cómo te has sentido hoy? ¿Cómo está el...? ¿Tarde? Sí, ya sé que es un poco tarde, pero todavía no salgo de la empresa… Ya, ya merito salgo... Iré a casa, mañana te pasaré a ver desde temprano ¿Pataditas? Jejeje… qué bonito mi reina ¿Ya se te van pasando las náuseas? (a todos los ruidos se añade el sonido de sirenas de las patrullas a lo lejos, pero se van haciendo más cercanos) Este sí… todo bien (se comienzan a ver las luces azules y rojas) Te amo, nena.
    Leandro deja el teléfono, no lo cuelga, se coloca la mochila en un hombro y rápidamente trata de abrir la puerta pero está cerrada, cojeando corre y brinca por la ventana rompiendo el cristal…
Leandro (en Off): No, no, no (ladridos de perro) ¡No!  (Disparos y arma encasquillada) Ay ¡Ay! ¡AH! (Ruido de perro atacando).
    Esta vez el zumbido no desaparece, se queda perpetuamente, las luces azules y rojas de las patrullas se vuelven más grandes y el sonido de sirenas se mantiene a un volumen alto, se escuchan indicaciones por la radio de las patrullas, el perro no deja de ladar. Poco a poco los demás ruidos desaparecen... perdura el segundero del reloj
<<tic-tac-tic-tac>>
    <<tic-tac-tic-tac>>
        <<tic-tac-tic-tac>>
            <<tic-tac-tic-tac>>
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Oscuro
 

 

Mal Padre

Cuando me preguntan si tengo hijos suelo contestar <<tuve uno>> su madre me lo quitó porque, según ella, yo era un mal padre. Si...