que inunda esta habitación ominosa,
víctima de mi propio abandono,
flota etérea, espectral, la imagen tuya;
el sonograma que me permitió verte
por vez primera.
Una ecografía que me permitió observar
lo hermoso de tu presencia,
como un ángel
desplegando ante mí el milagro de la vida
por mí profanado.
La criatura más sublime sobre la faz de la tierra:
mirada inocente, más allá del bien y el mal.
Como un demonio
le confundí con un ángel por su terrible belleza.
Tocándome,
apretando con su diminuta mano uno sólo de mis dedos,
me robó el corazón, la mente,
la voluntad, el alma
y mi espíritu,
quedándose con todo de mí.
Luego se fue.
Una harpía lasciva de hábitos parasitarios
y una vieja hiena que relamía sus genitales,
sembraron cobardes ardides
y se llevaron al demonio,
acompañándolas a dejarme solo.
Se lo llevaron... se fue.
Igual que un demonio,
se llevó mi corazón, mi mente,
mi voluntad, mi alma,
y mi espíritu,
llevándose todo de mí
Dejándome con nada.
Sumergido en la ignominia,
en esta habitación ominosa,
víctima de mi propio abandono,
flota etérea, espectral, la imagen tuya;
y religiosamente me retuerzo
profiriendo el plañido de Sabines.
Pues me dijo que, cuando se fuera,
se llevaría todo lo que fuera suyo.
Y se fue...
y no me llevo...
y yo era suyo...
